“Cuando me volví un amante, pensé que había conseguido la Perla de la meta. 
Necio de mí, ignoraba que esta Perla yace en el fondo de un océano 
con innumerables olas que enfrentar y grandes profundidades que sondear”
 
Hafiz



¿Dónde dejaste tu paraguas?


“Un joven llamado Tenno, había sido discípulo de Nan-nin durante 10 años. Un día decidió que era momento de buscar un nuevo maestro,  ya que creía que había obtenido todo lo que podía obtener de su maestro Nan-nin. Así, se dirigió a otro monasterio y se hizo discípulo del maestro Po, por seis años. Un día de lluvia, el discípulo tuvo ganas de ir a visitar a su antiguo maestro. Caminó por el sendero bajo una torrencial lluvia, y se acercó al templo...Cuando entró, el maestro lo saludó con una pregunta: ¿Dejaste tus sandalias y tu paraguas en la entrada? Sí, -contestó Tenno. Dime,-continuó el maestro- ¿Donde colocaste tu paraguas? ¿a la izquierda o a la derecha de tus sandalias?-Tenno se quedó pensando sin saber la respuesta, y se dio cuenta que había actuado sin prestar verdadera atención.  No sabía de qué lado había dejado realmente el paraguas.  Después de un breve silencio, Tenno le respondió al maestro: “Creo que tengo que volver a ser su discípulo.”








“No te aflijas si por amor penetraste en el desierto y las espinas te hieren.
No te aflijas si el viaje es amargo, no te aflijas si la meta es invisible
Todos los caminos conducen a una sola meta
No te aflijas, aún te quedan tu canción y tu amor.”  

Hafiz

De su mano

Recuerdo una playa de mi infancia, abarrotada de gente, con sus lonas encimadas y el abrir y cerrar de unas
canastas. Recuerdo también otra playa, más y natural y más calma. En ambas como un infinito telón de fondo, el mismo mar.
Recuerdo un mar verdoso de la América Central, y un mar muy frío en el Perú.
El mar siempre diferente y siempre el mismo.
Con sol es un mar, pasan unas nubes y ya es otro. Cuando las olas vienen tiene una geografía y al cabo ya se van y toda su configuración varía.
Inconmensurable. Un hombre que miraba el mar, se quedó corto de adjetivos para expresar su maravilla y tuvo que inventar esa palabra: Inconmensurable. No sé si esta historia es cierta, simplemente la adivino.

Mi imagen más querida del mar es una imagen de niña.
El viento me volaba los rulos. El viento salía de la boca del mar que, aterrador, me rugía. Yo quería y no quería. El mar me invitaba pero también me asustaba. Me debatía en dudas, daba rodeos en la orilla, hasta que apareció la imagen amada.
Papá me tomó la mano y con voz y gesto firme, simplemente dijo: -Vamos al agua.
Para mí fue el alivio inmediato. Me sentía de pronto superpoderosa, envalentonada. Las olas pegaban y yo quería ir más adentro, y gritaba: -más, más; y saltaba y reía y gozaba. Mientras estuviera agarrada de esa manota gorda y áspera, yo era invencible.

Para los hombres del oriente su Maestro es esa figura tan amada y cercana. Es el papá que les tiene la mano. Aquél capaz de generar tal confianza y seguridad que ellos siendo nada, no tienen miedo de enfrentarse a una inmensidad.
Y si tragan un poco de agua o la cosa se pone brava, el Maestro da esa caricia en la cabeza de mano salada, para pasar el momento y curar las heridas de la batalla.
Por eso los hombres que se aferran a la mano de su Maestro se vuelven invencibles, ni la ráfaga más fuerte de infortunio los mueve de su sitio, ni las furiosas olas del mundo son capaces de mojarlos.
Ellos esperan y aprietan fuerte Su mano, saben que si no se sueltan serán salvados.

El rostro de mi Amado

Desde que vi el mapa del rostro de mi Amado, aún permanece dibujado en mi corazón.
La separación cortó en pedazos al corazón virtuoso. Dejando nada más que la mancha de la separación.
Considera que el amor de la flor es sabiduría, o que los rizos del Amado son un señuelo.
Su recuerdo se parece al del ruiseñor, y ahora el recuerdo fue más allá de los cabellos.
Esta atrapado en mi corazón.
Cuando se aniquila el yo, la dualidad desaparece, y el amante mismo se convierte en Dios.
El corazón tiene un sólo lugar: El Amado está en el corazón o el corazón está en el Amado; ambos son el mismo lugar.
Oh renunciante superficial! Haces un espectáculo de tu plegaria pidiendo a Dios que satisfaga tus deseos.
Recuerda, un verdadero amante no siempre encuentra a Dios escondido en el corazón. No hay nada que pedir, él encuentra a Dios manifestándose en el mundo.
Los caminos de los Maestros son peculiares, ellos hacen reír y llorar simultáneamente. Externamente parecen diferentes, pero internamente todos tienen amor.
Hay maltrato en los labios de los Maestros, pero bendiciones en sus corazones.
Algunos dicen que la morada del Amado se halla en la taberna. Algunos dicen que en la mezquita.
Oh Huma! ¿Qué estas buscando fuera? Entiende que Dios está en ti.
Huma

A los pies de Dios

Quienes profesan la fe islámica cumplen rigurosamente, cinco veces al día un preciso ritual.

Se trata del Salat u oración que se practica siguiendo una serie de pasos que van desde la preparación previa que consiste en lavarse de una forma determinada el cuerpo hasta la recitación de ciertos pasajes del Corán, teniendo presente además que la oración ha de ser hecha siempre mirando hacia la sagrada Meca.

Pero más allá de estos datos que hacen a lo religioso, hay un gesto contenido en esa oración ritual que impresiona por su poder simbólico.

Durante cada una de estas oraciones repetidas en 5 momentos del día, hombres y mujeres se postran varias veces con ambas rodillas en tierra y llevando también la frente al piso, a los pies de Dios.
Ese gesto no es para cualquier hombre.
Cuentan que Muhammad instituyó esta oración ritual para mantener su mensaje a salvo de aquellos que se creen poderosos, de los arrogantes de este mundo, de los que piensan que no hay nada más elevado por conocer por encima de sus propias cabezas.
Esos hombres no son capaces de postración.

Solo los débiles, los que ya han sido derrotados por el Amor, son capaces de arrodillarse.

Arrodillarse ante Dios significa reconocer Su existencia y también reconocer la nuestra, asumir nuestra grandeza como individuos, aunque nos sintamos vulnerables y pequeños.

Arrodillarse ante Dios es poner cada día nuestra vida a sus pies, es pedirle a Dios su conformidad con todas nuestras decisiones sin que dejen por ello de ser nuestras; es esperar su sonrisa cuando sentimos que lo hemos complacido.


Arrodillarse ante Dios es pronunciar en silencio “Si Dios quiere”, antes de pensar en el menor de los actos futuros.

Arrodillarse ante Dios es recordar que en el polvo ha sido nuestro origen y que el polvo será nuestra final morada y que solo el liviano y fino polvo es capaz de ser llevado, con las alas del viento, al lugar más anhelado.

Krishna y su música

Krishna está de pie, a la orilla de un caudaloso arroyo del Norte de la India. A sus espaldas un sol
anarajando anuncia la noche. En torno a él un grupo de mujeres. Algunas danzan, otras le colocan guirnaldas y perfumes, todas sonríen. En el aire se oye una melodía exquisita, es la más bella canción. Krishna sostiene en sus manos una pequeña flauta de bambú de seis orificios abiertos. De ella brota la sinfonía.

Krishna ama la música
Es increíble pensar que Dios pueda amar una creación de los hombres.
No tendría que ser al revés? No somos nosotros los que debemos maravillamos de Su creación al ver la tierra y los planetas, un bosque o las altas cumbres nevadas?
A él lo maravillan nuestras creaciones, que son también suyas. Nosotros somos sus criaturas. Criaturas a las que Él mismo dio el poder de crear. Él se maravilla, juega y danza al son de las creaciones de sus criaturas.

La flauta es realmente pequeña. No han de ser más de treinta centímetros de bambú. Sin embargo esa flauta encierra toda la música que se ha escrito y será escuchada desde el principio hasta el final de los tiempos.
Toda la música emana de esa flauta: el primer sonido que creó el universo, las sinfonías que los grandes maestros han compuesto, la música de las espadas en combate, los violines del viento, los tambores de la lluvia.
Toda la música brota de esa flauta que dibuja universos, crea historias, las inspira y les da vida.

Krishna invita a todos los hombres a componer su propia sinfonía. Él ama la música y está ávido de escuchar, nuestra melodía.


Algunos hombres tocan el piano, otros cantan, algunos lo hacen en público y otros en la soledad de su hogar. No importa. Para entonar la canción que a Él le complace escuchar no hacen falta notas ni instrumentos.
 Basta con la sincera plegaria que en silencio un corazón puro es capaz de elevar a su Dios.

Camina con Krishna

Cuán sencillo fue este asunto del amor en el principio…
Noche amena, un dulce sueño y un despertar con el canto de las urracas
 El sol surgía al amanecer como repicar de campanas desde la bóveda celeste
Convocando a los espíritus para el viaje de otro día nuevo y alegre
Ninguno de nosotros pensaba que ese viaje nos llevaría a este amargo desamparo
Con rollizos compañeros y una nodriza de palmas erguidas y bizca
En estas llanuras no hay siquiera silencio y paz, sino desdeñoso amor
Y la voz ronca, levantando campamento en la fría mañana de un peón trabajador

Pero no podrás hacer el camino solo. Anda con Él… o regresa a tu casa
Muchos que intentaron por sí solos yacen ahora en su tumba bajo una duna
Habíamos leído sobre oasis y estrellas que eran como lámparas en la noche
Nadie nos habló de tormentas de arena que oscurecen la luz del sol
Sin embargo, compadecemos a quien se quedó en su casa sentado al lado del fuego
Nunca le llegará el viento perfumado de la noche… cabellos con aroma del desierto.
Francis Brabazon

Lord Krishna

Yo soy el principio y el final de todas las cosas que existen. En todo este inmenso universo no hay nada que sea superior a Mí. Soy el soporte de todos los mundos, del mismo modo que el hilo mantiene juntas todas las perlas del collar. Soy el sabor de las Aguas Vivas, soy la Luz de la Luna y el Sol. Soy el Santo Nombre, la palabra sagrada de los Vedas. Soy el sonido del silencio; la fortaleza de los hombres. Soy la fragancia pura que desprende la tierra. 
Soy el resplandor del fuego. Soy la vida de todas las criaturas vivas, y la austeridad en aquéllos que fortalecen sus almas. Soy, y desde siempre he sido, la semilla de la vida eterna. Soy la inteligencia del inteligente. Soy lo bello de la belleza.

 Bhagavad Gita

El anhelo de Rabia al Adawiyya

Se cuenta en una antigua tradición que en las tierras de Zoroastro, Persia, más precisamente en la ciudad de Basra, alrededor del siglo octavo, vivió una mujer renombrada por un título singular.

Rabía al Adawiyya era conocida como la mujer más hermosa del mundo.

Su belleza, cuentan, resplandecía con el brillo de mil soles y las palabras que a cuentagotas salían de sus labios, eran siempre bellas y ciertas.
Es que además de haber sido famosa a causa de su belleza, Rabía era también admirada como una mujer de profunda sabiduría.

Su vida y sus costumbres podían parecer un tanto extrañas a los ojos de un observador ocasional, esta gran mujer, maestra de maestros en espiritualidad, vivía en un prostíbulo.

Príncipes, reyes, poderosos comerciantes, los hombres acudían al encuentro de Rabía desde los lugares más recónditos atraídos por la fama de su belleza. 

A los pocos que conseguían llegar a su puerta ella les ofrecía lo único que tenía para darles: un viejo mensaje que en sus labios cobraba nueva vida: “Si quiere embarcarse en el sendero del amor, decía, comience con tres pequeñas cosas… hable, actúe, y piense de la manera debida”. El mensaje no era un mensaje de palabras, era un mensaje que ella encarnaba, vivía. 

Pero a pesar de su belleza más allá de lo humano, de su vasta sabiduría y de su conocimiento de los misterios lejanos, había algo que agitaba el corazón de Rabía.
Conocedora de todos los secretos de los hombres, había una realidad que aun le era esquiva. Y eso se había transformado en la obsesión de sus días. 

Era una mujer absolutamente libre de todo deseo. Pero había un anhelo que aun la acompañaba. Anhelaba un encuentro cara a cara con el creador de la belleza que ella encarnaba. Tenía una sola aspiración y una sola meta. Quería conocer el rostro de Dios. 

Lo veía en todo y en todos, lo veía en los jardines y en los pájaros, lo veía en la mano del noble y en la del condenado, lo veía en el sol y en las estrellas del cielo, pero quería conocer su rostro amado.

Una tarde al límite de la desesperación y de sus fuerzas, Rabía cayó a la arena del desierto de rodillas y exclamó al cielo “Oh tú que cubriste con un velo tu rostro, deja caer el velo y muéstrate tal cual eres”.

Entonces escuchó una voz de lo alto: “Oh Rabía, no sabes lo que pides. Si me manifestara tal cual soy, todo sería aniquilado. Podrías soportarlo? Cuando Moisés quiso ver mi rostro lancé sobre el monte tan solo un átomo de luz y él cayó fulminado. Rabía no pidas conocer mi rostro, conténtate con conocer mi nombre”  

Arar en el mar

Arar en la tierra siempre ha sido una labor encomiable y no solo por el esfuerzo que lleva ni por el 
valor de la siembra.
Cuando un hombre traza un surco en la tierra hay una vía que queda, para los otros, abierta.
Por eso recordamos a esos grandes hombres, no importa si han sido maestros, poetas o héroes de la guerra.
Porque han dejado una huella, porque han abierto una brecha.
De entre todos los caminos que otros hombres han abierto en la tierra, uno anda dudando y en el dudar va eligiendo.
Depende un poco de la edad, la sensibilidad o alguna particular inclinación, vamos mirando y pensamos que entre esos surcos encontraremos el que nos sentará mejor.

Pero me ha dicho un hombre que de estas cosas sabe, que esto de arar en la tierra podrá parecernos grande, pero que hay otra cosa mayor y que esa sí que de verdad es bien grande.
Él me dijo: -Los verdaderos héroes, esos cuyos nombres solo el viento sabe, son los que se atreven a arar en el mar.
No siguen el camino de nadie y ni siquiera puede decirse que abran otro permanente. El mar es a cada instante diferente. Las huellas se borran y lo que hay por delante siempre está por conocerse.
Ellos son los verdaderos valientes, no tienen la valentía de los que se saben fuertes y por su fuerza no temen. Son hombres pequeños que aunque anden muertos de miedo y no tengan ninguna certeza, se adentran, se atreven.
Gloria a estos pequeños hombres que no siguen ninguna huella abierta. Que tuvieron la insensata lucidez de abandonar la tierra y que saben que del otro lado del mar, los aguarda su hogar.  
   

Jirones

“Con una palabra Tú creaste universos y con el tiempo a nosotros llegaron los materiales 
Colores, sonidos, palabras y canciones; en Tu honor podemos expresar belleza sin igual
Si algún día debido a nuestro destino te complace nuestro arte y nos invitas a danzar 
El vertiginoso girar hará jirones a nuestros vestidos y desnudos volveremos al Hogar”
José Henriques

¡Partimos! Sexta temporada de Oriente Express



El Oriente Express anuncia la partida de su sexta temporada de viajes uniendo oriente y occidente.
Partimos el miércoles 12 de marzo a las 18.00 hs. en el 91.7 del dial FM de la ciudad de La Plata o  a través de la web http://radioestacionsur.org/  
Los esperamos para viajar juntos. 
Sugerencias de destinos, relatos de tu viaje, podés compartirlos con nosotros a través de: www.facebook.com/El.Oriente.Express  

Amartithi, el día eterno

¿Que sucedería si la eternidad se manifestara en la finitud?
¿Perturbaría la finitud?
Esto ocurre todo el tiempo, simplemente que la infinitud cuida muy bien un detalle: antes de manifestarse se disfraza con la capa de la finitud y así viene a la Tierra.

De este modo el Dios infinito gracias a su misericordia también infinita resuelve, por amor a su creación, volverse un hombre y lo hace trayendo consigo un único y mismo mensaje cada vez: "Amen a Dios".



Amartithi, el día eterno,  se festeja todos los 31 de enero en Meherabad, India, conmemorando el día en que el Avatar Meher Baba dejó su cuerpo en 1969.



Aunque haya dejado su cuerpo, son muchos los que escuchan su voz en el interior de su corazón y acuden desde todas partes del mundo a su tumba en Meherabad para rendir tributo a su amor y sumergirse en la fragancia de su presencia.
Antes de dejar su forma física Meher Baba dijo: "Cuando yo abandone este cuerpo, permaneceré en los corazones de todos aquellos que me amen. Yo nunca muero, ámenme, obedézcanme y me encontrarán".


Viajero

Viajero de lejanías, quien el viaje completa, quien siempre regresa
Quien acuna, quien construye ciudades y quien las quema 

Kilómetro tras cruel kilómetro, él nos atrae para poder conocerle… 
Y construirle un resguardado santuario, en una llanura sin aguas ni palacios 

En la sequía está el verdor, en lugares desolados el Amigo
Que es peregrino, el sendero y sus paradas y el final del camino.

Francis Brabazon

Pescador de hombres

No pueden imaginarse cuan ancho y profundo es el océano para un pez.
Dicen que los seres humanos llaman a esto: vastedad. Solo una palabra que es incapaz de transmitir lo que el océano es en realidad.
Pura libertad. Ser un pez nadando en el agua es la suma de toda libertad. Hoy aquí, mañana allá, aguas cristalinas o un poco de profunda oscuridad. Todo vale, lo importante es moverse, cambiar y nunca dejar de experimentar.
El océano entraña algunos pocos peligros, tiburones y algún que otro pescador. La clave es saber por dónde nadar, el océano es tan grande que siempre se puede escapar, mezclándose en el cardumen o visitando un arrecife de coral.
Dicen que hay un pescador realmente peligroso, su red produce una atracción magnética. No utiliza equipos sofisticados ni de desplaza en un buque fastuoso. Pero dicen que al sentir su presencia son los propios peces los que nadan a su encuentro y lo hacen con gozo.
Luego de oír acerca de este pescador el pez se ha propuesto evitar caer en su hechizo. Pero a la par que lo ha hecho ha tenido lugar un suceso singular. Desde que ha oído su nombre en él no ha podido dejar de pensar.
No hay día en que, aunque más no sea durante un instante, no recuerde su imaginada figura. Cómo será él? Realmente tan poderosa será su presencia? Qué tal si intentara acercarse un poco nada más, tanto como para conocerlo pero previendo de antemano una manera de escapar?
El pez jamás aceptaría ser atrapado y dicen que solo son atrapados por este gran pescador aquellos peces que lo permiten. Si fuera así el éxito de su plan estaría asegurado.
Para el pez el asunto ya era más que mera curiosidad. La imagen del pescador había comenzado a asaltarlo por igual en el sueño y en plena vigilia. Aun cuando se encontraba entretenido nadando en aguas cálidas la imagen volvía una y otra vez, los viejos placeres ya no lo contentaban. Hizo los últimos preparativos y partió en compañía de un viejo pez que dijo conocer el camino.
De pronto las aguas comenzaron a cambiar no eran cálidas, no eran frías, ni turquesas ni verdosas ni amarillas. Era algo diferente. El viejo compañero ya no estaba, el pez en nada pensaba. Había olvidado su plan las diferentes formas en que había tramado escapar y mansamente nadaba hacia el preciso lugar.
En ese instante descubrió que no era víctima de un embrujo y que aquello que aleteaba en su pecho tenía el nombre de amor y recién hoy lo había conocido. Fue por amor que el pez nadó y nadó hasta el límite de sus fuerzas, frenéticamente, desesperadamente para ir voluntariamente al encuentro de aquél que habría de pescarlo.
Fue por amor que el pez se entregó a su red. Y por amor, consintió ser pescado por aquel que todo lo es.
Pescador, red, océano y pez se descubrieron como uno solo. Por amor, el juego alcanzó su final..
 


Teatro en La Plata. "Layla y Majnun"

“Layla y Majnun”, adaptación de una leyenda tradicional persa, cuenta una historia de amor entre un hombre y una mujer cuyo destino quiso que la unión de su amor nunca fuera consumada. Aun cuando Layla se casó con otro hombre, Majnun la siguió amando profundamente, ese amor se transformó en una sed desgarradora que lo impulsó a los límites de la locura y se volvió un fuego tan intenso que lo consumió todo.  

Este amor lo conduciría finalmente a alcanzar su Verdadera Libertad: la Realización de su verdadero Yo.

El Avatar y sus caminos


Es el Viajero sin descanso, el Errante sin casa, el Vagabundo por amor, el Desterrado voluntario de su propia patria. El mismo dice que no tiene una piedra donde reposar su cabeza; y es cierto que no tiene un lecho propio donde acostarse todas las noches. Su verdadera casa es la calle que lo lleva, junto con sus primeros amigos, en busca de amigos nuevos”
Giovanni Papini

El amor entre Sita y Rama


La demostración más potente de amor es cuando el avatar viene a la tierra. La forma femenina siempre lo acompaña para satisfacer la consigna del amor que durante tanto tiempo dormitó anhelante. Sita acompañó a Rama, asi la flor más pura y bella pudo esparcir su perfume, una vez más en la 
                                                       Creación.

Los artistas de Ellora

En los comienzos el mundo era muy sencillo.
Tan solo eran el hombre y la naturaleza.
En los bosques de la India la naturaleza además de asumir la forma de la belleza, del alimento, de la sombra, también asumía la forma del peligro.
Al hombre solo le preocupaba satisfacer sus necesidades vitales y sobrevivir de los peligros. El peligro en esos bosques tenían un nombre: los animales.
Tigres, elefantes, serpientes, monos y variada cantidad de criaturas salvajes constituidas en permanente amenaza.
Un hombre pensó en construir un refugio dentro de la montaña y otros hombres lo siguieron. Un lugar donde protegerse para descansar por las noches.
Los hombres vieron que eso era bueno y cavaron la piedra más para hacer los lugares más confortables y poder pasar así más tiempo.
Y vieron que esas cuevas eran buenas y alguien comenzó a tramar un plan para defenderse de los animales y se le ocurrió por primera vez dibujarlo en la piedra.
Un hombre con una lanza defendiéndose del ataque de un tigre representados de modo rudimentario.
Y vieron que esos dibujos además de útiles eran bellos que podía dibujarse cualquier cosa y llenaron las cuevas de dibujos hasta en los techos.
Muchos años después esos mismos hombres primitivos, su linaje, transformaría esa práctica en verdadero arte.
Lo que surgió como una necesidad defensiva y de conservación, se transformó con el correr de los años en algo mucho más refinado.
En Ellora, ese mismo espacio escondido dentro de la tierra alcanzó una inusitada magnitud al convertirse en una magnífica obra de arte secreta.
Mujeres y hombres tenemos esa capacidad desde el principio de los tiempos: partir de algo esencial, casi grosero, y a través del pulimiento y el perfeccionamieno transmutarlo en un arte excelso.
Las mismas cuevas que el hombre construyó para escaparse son las que, años después, construirían los artesanos de Ellora para encontrarse.

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