El Mahabharata - la serie de tv


A fines de la década de los 80, un acontecimiento televisivo paralizaba semanalmente a la India.

La emisión de la serie Mahabharata se erigió en un suceso sin precedentes. Producida por Baldev Raj Chopra, afamado productor de Bollywood, y dirigida por su hijo Ravi Chopra, cada capítulo de 45 mins. de duración lograba algo absolutamente inédito: vaciar las calles de la India.

No era habitual por aquellos tiempos que en cada casa hubiera un televisor. Se volvió común, entonces, que la gente buscara alguna pantalla en la casa de un pariente, amigo o vecino. La solidaridad y la hospitalidad que gobiernan cada hogar en la India se encargarían de que nadie se quedara sin asistir al espectáculo.
Gente apiñada en pequeñas habitaciones, prácticamente una sobre otra eran la constante. Pero a pesar del tumulto; el silencio y la atención con que las imágenes eran seguidas remitía al de las lejanas cuevas de los himalayas, aun cuando estuviéramos en el ruidoso corazón de Bombay.

En pequeñas aldeas donde con suerte se contaba con un televisor, era común que se improvisara una suerte de función pública sacando el modesto TV de 14 pulgadas a la calle, para que la mayor cantidad de gente pudiera verlo.
Esta de más decir que, en ese marco, cada emisión de la serie era vivida como una fiesta. La gente encendía incienso alrededor de las pantallas y hasta colocaba guirnaldas de flores sobre el televisor ante las apariciones de Nitish Baradwaj que era el actor que encarnaba el personaje de Krishna.

¿Por qué tanta convulsión ante una serie de TV? Es la pregunta que cualquiera se haría.
Ocurre que esta serie, como su nombre lo indica, estaba inspirada en la mayor epopeya de la India: El Mahabharata que cuenta la lucha entre dos familias los Kauravas y los Pandavas por el trono de Hastinapura y que cuenta con un personaje excluyente: el mismísimo Krishna, una de las encarnaciones de Dios.

Esto va dicho sólo para ofrecer una mínima explicación, pues la riqueza y profundidad del Mahabarata no pueden ser resumidas en estas pocas líneas y ni siquiera podrían ser explicadas en un tratado de crítica literaria.

Pocos libros pueden definir tan fielmente la esencia de una Nación.... Diverso y fascinante como la propia India, en el Mahabarata no faltan los colores, la música, las cruentas batallas, la selva y sus acechantes peligros, el amor, los ascetas y sus austeridades, los gestos heroicos, las deidades y seres míticos, todo eso y más y condimentado por el vértigo propio de la India... Pero más allá de los sucesos, escenarios e historias, nunca se pierde una potente continuidad: el centro de gravedad de esta voluminosa obra, es el mismo que el de toda la India: Dios.

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