Chilla-Nashini



El máximo objetivo de un hombre en Oriente, el único que allí vale la pena verdaderamente perseguir, es el de volverse uno con Dios. Y para intentar conseguirlo no existe un solo camino... Un antiguo himno que aun hoy es entonado en la India dice: Así como los diferentes arroyos tienen sus fuentes en diversos lugares y vierten todos sus aguas en el mar, así, Oh Señor las distintas sendas que los hombres toman por diferentes que parezcan, tortuosas o rectas, todas conducen a Ti.

Y entre los múltiples senderos, los hay tantos como buscadores, existe uno extremadamente raro que sólo unas pocas almas se han animado a emprender. La práctica a la que me refiero lleva el nombre de Chilla-Nashini y es conocida desde antaño principalmente en India y en lo que fue la antigua Persia.

El chilla-nashini es una durísima penitencia. Para emprenderla, el asceta debe dibujar con su mano un círculo en el suelo, para luego ingresar en él. Allí habrá de mantenerse durante cuarenta días y cuarenta noches en las que no podrá comer, tomar agua ni dormir, debiendo soportar –siempre dentro del círculo– cuanto pudiera sobrevenir. 

Imaginen por un instante cuarenta noches, sin comer, beber ni dormir, encerrados en un círculo no mucho mayor en superficie de aquella que sirve para albergar el cuerpo del aspirante.

Los relatos acerca de lo que un hombre vive al pasar por esa experiencia son escalofriantes. Uno de ellos es el de Shahryar Irani, quien logró mantenerse en el círculo durante treinta días en el año 1884 cuanto tenía 34 años de edad. Gracias a lo que él contó pudimos saber que durante su reclusión en el chilla: Se oían horribles alaridos y después rugidos; incluso un león rugió frente a él, listo para devorarlo. Shahr-yar no se movió y el león desapareció. Después apareció un tigre feroz que estuvo rondando por el círculo durante horas. Shahr-yar tampoco se movió y el tigre desapareció. Súbitamente, brotaron llamas del suelo por todos lados. Las llamas se acercaron al círculo y Shahr-yar se convenció de que le quemarían vivo. Pero tampoco se movió, y las llamas se extinguieron. Muchas otras visiones horrorosas se le presentaron y se esfumaron. Esas visiones fueron continuas. Su mente padeció un gran sufrimiento.

Se cuenta que uno de los hombres que emprendió el chilla y lo completó fue el poeta y místico persa Hafiz en el S. XIV, a quien en el día nro. 40 se le presentó su maestro al pie del círculo ofreciéndole una copa de vino con la que obtuvo la conciencia de Dios.     

Similitudes con está practica pueden encontrarse también en la Biblia (el Deuteronomio relata el ayuno de Moisés durante 40 días en el Monte Sinaí y el evangelio de San Marcos el de Jesús en el desierto –también de 40 días– durante los cuales fue tentado por el demonio), también se dice que Buda alcanzó la iluminación luego de ayunar por 40 días bajo el árbol bodhi.

La senda del Chilla-nashini no es representativa de lo que el común de los indios realiza a diario y en la actualidad puede decirse que no existen noticias acerca de que el Chilla se siga practicando. Por el contrario, la enorme mayoría de la gente en la India vive su espiritualidad de manera diferente, llevando una vida que aquí calificaríamos de normal y que incluye el trabajo, la familia, el esparcimiento; pero que tiene –a la par– una potente presencia de las cuestiones del espíritu formando parte de la vida cotidiana... Más allá de lo infrecuente que resulte la práctica del Chilla-nashini resulta un buen ejemplo a la hora de vislumbrar hasta qué punto llega en oriente la necesidad de Dios, cuán poderoso y desesperante puede ser el anhelo por alcanzar la unión con Él.

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