Una vida en India


Quiero contarles la historia de un hombre al que tuve la fortuna de conocer en enero de 2007 en India, su nombre es Salek Ram Sharma.
La suya es una más de las miles y miles de historias que tienen lugar cada día en India y que están disponibles para cualquiera que quiera escucharlas.
Estábamos cenando junto a unos amigos cuando este hombre, a quien nunca habíamos visto, se acercó y nos propuso contarnos acerca de su vida. Ignorábamos al aceptar tan cortés convite que el relato tomaría tres largas noches a lo largo de las cuales nos mantendría en vilo...
Salek Ram Sharma era un hombre modesto y amable, vestido de manera sencilla, relativamente alto, de movimientos muy delicados y pausados, aparentaba unos 70 años de edad. Poco después descubriríamos que tenía más de 80 y vividos de un modo especial...
El relato comenzaba a sus ocho años de edad. En aquél momento Salek consideró que su vida de niño no tenía demasiado sentido y que no debía esperar más tiempo antes de embarcarse en la búsqueda de la verdad.
Fue así que decidió escapar por la noche de su casa con destino a los Himalayas con el propósito de buscar allí a Dios.
Sin dinero, solo, con la incertidumbre que supone cualquier viaje por la India, sin más ropa que la puesta, sin saber cómo haría para comer o dormir, y con solo 8 años de edad. Tan grande era el poder de su determinación.
Hubo de caminar decenas de kilómetros desde Hamirpur, su ciudad, hasta la estación de trenes más cercana y allí desplegar todo su ingenio para saber, primero, qué formación abordar y, después, cómo hacerlo sin pagar el boleto.
La certeza que lo movía se encargó de depositarlo en el tren correcto y de ayudarlo a sortear los controles y conexiones con éxito. El viaje, le tenía reservado a Salek una insospechada compañía. Tras muchas horas de viaje y a minutos del destino final, se acercó a él un anciano ciego y le preguntó por el motivo de su excursión. Al recibir la respuesta le dijo: “Lo que buscas no está en la cumbre de los Himalayas,  lo encontrarás siguiendo con tu vida en Hamirpur, regresa a tu casa, estudia, trabaja y forma una familia, deposita todas tus energías en ello”.
Y así fue como ocurrió. El pequeño Salek no dudó en abandonar de inmediato su plan inicial para regresar a su casa... Probablemente esperó encontrar “otra cosa” en los Himalayas, pero no titubeó y siguió estrictamente las indicaciones de aquél hombre.
Regresó al hogar y luego de dar explicaciones y recibir algún castigo, se enfrascó en los estudios. Terminó la escuela, conoció a una mujer con la que se casó y tuvo tres hijos, estudió leyes y se recibió con excelentes calificaciones,  pronto se convirtió en un abogado de tanto prestigio que llegó a ser Fiscal General del Estado de Uttar Pradesh.
Pasaba por entonces los cuarenta años de edad, cuando escuchó hablar en casa de un amigo acerca de un maestro espiritual del estado de Maharastra.
Escuchó el nombre y quiso ver una foto, tras ver la foto quiso leer alguno de sus escritos, luego inquirió por el modo en qué podía contactarlo personalmente,  todo sucedió velozmente... De súbito se había despertado en él un interés tan vehemente como aquél que lo había depositado a los pies de los Himalayas con solo ocho años de edad y recordó las palabras de aquel anciano ciego.
Lo que sigue es la íntima historia de discípulo y Maestro. Baste con decir aquí que Salek jamás se separaría de aquél Maestro, pues en él había encontrado. Los caminos del que busca no ofrecen siempre lo que se espera; la obediencia y la fe de Salek le permitieron cumplir con el Destino que Dios había trazado para él...

El Espejo

"El lenguaje de los pájaros" de Farid Uddin Attar

Había una vez un rey  que era encantador e incomparable por su belleza. El reino de su belleza era el libro de sus secretos, y sus ojos eran, por su atractivo, sus versículos. Ignoro si alguien alguna vez había tenido la fuerza de mantener por un segundo  la vista de este Rey. El mundo entero estaba lleno de su fama y su amor se hacía sentir por toda criatura. 
Los hombres perecían en su búsqueda, ya que no podían ni soportar su presencia ni estar sin él.
Sin embargo, si alguien podía mantener un instante su vista, el Rey manifestaba entonces su rostro; en cuanto a los que no tenían el valor de mirarle, se limitaban a tener el placer de oirle. Nadie era digno de él, y todos morían con el corazón lleno de pena que les causaba su amor.
A consecuencia de esto, el Rey mandó a construir un espejo para que se pudiera ver en él indirectamente su rostro. Se dispuso convenientemente el palacio del Rey y colocaron en él el espejo. El rey iba a lo alto del palacio y miraba en este espejo; su cara se reflejaba entonces y así cada uno podía verlo.
 Si tú amas la belleza de tu amigo, puedes saber que tu corazón es su espejo.
Toma tu corazón y contempla allí su belleza; haz de tu alma un espejo para ver en él el esplendor de tu amigo .
 De la misma forma, la luz no es distinta de su reflejo, el sol no es distinto de su sombra; uno y otro existen juntos. Y si descubres que la sombra se pierde en el sol, entonces verás que tú mismo eres el sol.

El Viento


Ghazal de José Henriques, del libro "Cantos de la Taberna"

El viento es fuerte, nos golpea, tambaleamos, imposible, no podemos avanzar
Los momentos más memorables son éstos, levántate y comienza a danzar

Busca un lugar concurrido, danza sobre la punta de tus pies durante noventa días
Al final encontrarás que el viento fuerte que te golpea trae pura alegría

Antes rasga tus adornos y colócalos a la vera del camino, no mires hacia atrás
En esta danza mejor hacerlo liviano, todo lo superfluo tenemos que desechar

Si no te gusta la danza, camina hacia el mar y quédate sentado en la playa
No te muevas, soporta el viento, la arena y el sol caliente, espera, se paciente

Después de mucha espera tu perfil será delgado y tu yo menguado, sentirás gran gozo
Las olas te cubrirán todo el tiempo, acariciándote suavemente, tendrás tu reposo

Antes del Universo no había tiempo, pero el espacio ya existía, no era habitado
Las olas del amor se expandían incesantes, pero no había nadie para bañarse

Estás metido en este juego, no culpes a nadie, por qué quieres ocupar tanto espacio
Un puñado han ayunado la mente, viajan con el viento, son los amantes descalzos.

El Mahabharata - la serie de tv


A fines de la década de los 80, un acontecimiento televisivo paralizaba semanalmente a la India.

La emisión de la serie Mahabharata se erigió en un suceso sin precedentes. Producida por Baldev Raj Chopra, afamado productor de Bollywood, y dirigida por su hijo Ravi Chopra, cada capítulo de 45 mins. de duración lograba algo absolutamente inédito: vaciar las calles de la India.

No era habitual por aquellos tiempos que en cada casa hubiera un televisor. Se volvió común, entonces, que la gente buscara alguna pantalla en la casa de un pariente, amigo o vecino. La solidaridad y la hospitalidad que gobiernan cada hogar en la India se encargarían de que nadie se quedara sin asistir al espectáculo.
Gente apiñada en pequeñas habitaciones, prácticamente una sobre otra eran la constante. Pero a pesar del tumulto; el silencio y la atención con que las imágenes eran seguidas remitía al de las lejanas cuevas de los himalayas, aun cuando estuviéramos en el ruidoso corazón de Bombay.

En pequeñas aldeas donde con suerte se contaba con un televisor, era común que se improvisara una suerte de función pública sacando el modesto TV de 14 pulgadas a la calle, para que la mayor cantidad de gente pudiera verlo.
Esta de más decir que, en ese marco, cada emisión de la serie era vivida como una fiesta. La gente encendía incienso alrededor de las pantallas y hasta colocaba guirnaldas de flores sobre el televisor ante las apariciones de Nitish Baradwaj que era el actor que encarnaba el personaje de Krishna.

¿Por qué tanta convulsión ante una serie de TV? Es la pregunta que cualquiera se haría.
Ocurre que esta serie, como su nombre lo indica, estaba inspirada en la mayor epopeya de la India: El Mahabharata que cuenta la lucha entre dos familias los Kauravas y los Pandavas por el trono de Hastinapura y que cuenta con un personaje excluyente: el mismísimo Krishna, una de las encarnaciones de Dios.

Esto va dicho sólo para ofrecer una mínima explicación, pues la riqueza y profundidad del Mahabarata no pueden ser resumidas en estas pocas líneas y ni siquiera podrían ser explicadas en un tratado de crítica literaria.

Pocos libros pueden definir tan fielmente la esencia de una Nación.... Diverso y fascinante como la propia India, en el Mahabarata no faltan los colores, la música, las cruentas batallas, la selva y sus acechantes peligros, el amor, los ascetas y sus austeridades, los gestos heroicos, las deidades y seres míticos, todo eso y más y condimentado por el vértigo propio de la India... Pero más allá de los sucesos, escenarios e historias, nunca se pierde una potente continuidad: el centro de gravedad de esta voluminosa obra, es el mismo que el de toda la India: Dios.

Tan Sólo Tú Existes


Poema de la Obra de Teatro "Tan sólo Tú existes", 
de José Henriques

Eres la belleza en todas formas
Palabras de admiración
Apurando un nuevo día
Tan sólo Tú existes

Eres la fuerza y el poder
Alabanzas deseadas
Deseos incesantes
Tan sólo Tú existes

Eres gozo y placer
Ojos que se hablan
Jurando eterno ardor
Tan sólo Tú existes

Eres elegancia y cortesía
Vestida de colores
Buscando armonía
Tan sólo Tú existes

Eres risa y alegría
Palabras alborotadas
Esperando el amanecer
Tan sólo Tú existes

Eres felicidad y dicha
Pintadas de colores
Háblame, háblame de amor
Tan sólo Tú existes, tan sólo Tú, tan sólo Tú.

La vasija y el Tao


Si un hombre ambiciona
modelar el mundo a su antojo
difícilmente lo logrará
El mundo es una vasija sagrada
que no se puede manipular
Quien intenta retocarlo, lo deforma
Quien intenta retenerlo, lo pierde
Así, el sabio no ambiciona modelarlo
y de ese modo no lo deforma
No intenta retenerlo 
y de ese modo no lo pierde

Hay quienes caminan hacia adelante,
y quienes caminan hacia atrás
Hay quienes permanecen silenciosos,
y quienes hablan
Algunos son poderosos, otros son frágiles
Algunos prosperan, otros disminuyen

Así, el sabio evita el exceso, la extravagancia 
y la propia condescendencia

Preparación del Chai


    El chai es un típico té de la India preparado con especias y té negro. Pero no sólo en India se bebe Chai a diario sino que diferentes países han adoptado esta bebida. Según cada país y región los ingredientes del Chai se van modificando pero siempre conservando su esencia de ser un té especiado.

    Desde puestos callejeros hasta hoteles cinco estrellas, en la India siempre encontraremos un chai caliente pues cualquier ocasión es propicia para saborearlo. Los paradores de chai en la ruta suelen ser de detención obligatoria para los conductores e incluso es común que en comercios y lugares públicos encontremos una suerte de dispenser con chai para quien quiera servirse. Es bastante usual también que veamos a la gente volcar parte del chai sobre el plato que sostiene la taza, para lograr que el té se enfríe más rápido y así poder tomarlo ya templado directamente del propio plato.

  Para aquellos de uds. que hayan tomado alguna vez chai y quieran prepararlo en sus casas o para quienes quieran probarlo, les damos una tradicional receta de la India:

  En primer lugar se deben colocar en una olla con 5 tazas de agua: 5 clavos de olor, una rama de canela (o canela en polvo), 5 semillas de cardamomo, 3 láminas de jengibre, 4 tallos de lemongrass y 5 cucharadas de azúcar y hacer hervir el agua con todas estos condimentos durante diez minutos. Si no consiguen todas las especias o alguna no les gusta la pueden suprimir o cambiar por otra.
  Luego de hervir por 10 minutos se debe bajar el fuego a mínimo, agregando las hebras de té negro, manteniendo la preparación tapada con el fuego a mínimo durante 4 minutos pasados los cuales se dejará reposar el té tapado y con el fuego apagado otros 4 minutos más.
  Aparte tendremos que tener un poco de leche caliente. Luego de colar el té lo serviremos en nuestras tazas y le agregaremos a gusto la cantidad de leche deseada.

  Y a saborear del Chai!

Patanjali y el yoga


  Se cree que Patanjali vivió en el siglo II a.C. en la India y dejó una obra de enorme importancia y vigencia aun en nuestros días conocida como los Yoga Sutras.
  Se cuenta en los Puranas que su madre una yoguini soltera, era poseedora de una gran sabiduría y al no haber encontrado un alumno digno de heredar ese tesoro elevó su plegaria al Dios Sol; tomando agua entre sus manos dijo: “este conocimiento vino de ti, permite que a ti regrese” y en ese momento sintió que algo se movía en sus manos, era Patanjali. Pata significa caído y añjali alude al momento de la oración.
  Escritos a la manera oriental, los yoga sutras se presentan como una colección de aforismos en los que la economía de palabras es la constante.
  En pocas palabras puede decirse mucho y cada sentencia exige detenerse un buen tiempo. Exactamente lo opuesto a lo que ocurre con la escritura occidental cargada de palabras que poco dicen y que por eso nos permite avanzar a gran velocidad aun cuando estemos leyendo una voluminosa obra.
  Es decir que ya desde la forma de la escritura, los yoga sutras presentan un desafío. La concentración de sentido en pocas palabras, obliga a reformular los hábitos de lectura y a contentarnos con leer quizás una o dos páginas al cabo de toda una tarde.
  La sentencia con que principian los yoga sutras podría merecer ya una vida entera de reflexión: “Aquietad vuestra mente”.
  Occidente ha entronizado a la mente, la ha ensalzado hasta convertirla en regente absoluto y ha instalado –a la par– una falsa dicotomía entre ella y el espíritu.
  Oriente no concibe ese antagonismo. La mente no sólo no se considera reñida con la espiritualidad sino que por el contrario una y otra son vistas como complementarias.
  Es por eso que una mente pulida y modelada, ayuda y potencia el desarrollo espiritual. Pero una mente mecánica -ávida de experiencias- puede transformarse en un secreto enemigo para el aspirante en el sendero espiritual.
  El sistema filosófico de la India, su religión, su medicina, sus costumbres conforman un contexto perfectamente coherente y, antes que cualquier otra cosa, razonable. La razón campea en el Oriente; la inteligencia ha florecido y florece permanentemente en el Oriente de la mano de sus maestros, sus filósofos, artistas, médicos, alquimistas o matemáticos (a quienes debemos incluso muchos de los hallazgos que la ciencia occidental acabó descubriendo 3000 ó 4000 años después de descubiertos).
  El yoga enseña que mente y espíritu no pueden ser separados. Y también que la mente ha de ser un instrumento al servicio de fines más altos. Hacer de la mente un fin en sí misma, no ha generado sino confusión, angustia y pérdida de sentido en este, nuestro Occidente agobiado.

Amor

Ghazal de José Henriques, del libro "Cantos de la Taberna":


Amor...Amor...Amor, por qué darte un nombre si tan sólo Tú, Amor, existes
Por qué no te quedaste dormido, por qué despertaste, por qué no te quedaste escondido

Sabías acaso que una eternidad después, alguien se atrevería a escribirte un poema
Sabías acaso que un caminante descalzo, te llevaría en sus labios como único lema

Cuántas voces tienes que oír, cuántas veces tenemos que repetir: te amo, te amo...
Ya basta...qué requieres, ¿un corazón que se desgarra por Ti para quedarte saciado?

Dame una razón, la noche recién comienza, quiero escuchar toda Tu historia
No dejes ningún detalle, tu narración servirá para mitigar el dolor de mis memorias

Por un instante caminaste a tientas pero luego creaste algo nuevo, sentimientos...
Cómo vehículos, pero estaban vacíos, algo te faltaba, el amor necesitaba expresarse

Llegó la mente para refinar la acción, y luego los sonidos, perfumes y colores
Mas tarde llegaron las brisas, las montañas, los lagos, los pájaros, el rocío y las flores

Es de noche, las palabras se callaron, la mente cesó, el Amor se esparció sobre la Tierra
Corrí desesperado, me escondí en cavernas, montañas y lagos, pero allí estabas Tú

Ganaste...qué importa Amor, si tu color es azabache, qué importa si tu cara es fulgor
Qué importa si la felicidad no me envuelve, qué importa si me acompaña el dolor

Queridos amigos, el Fin no está en las derrotas, el Fin tampoco está en las victorias
No tiene nombre, lugar, ni momentos...ama al Amor perdidamente, eso es la Gloria.

Varanasi


El paisaje resulta desacostumbrado y majestuoso, el indeciso color de las aguas, los olores, las llamativas vestimentas, el desfile permanente de animales; cada paso se presenta novedoso...

Pero sin dudas lo que más impresiona de este espectáculo que sucede a la orilla del sagrado Ganges, en Varanasi, es la devoción y la sencillez; la naturalidad con la que hombres y mujeres hacen sus ofrendas al río.
Antes de llegar uno espera encontrar aquí gestos grandilocuentes y rituales sofisticados; en lugar de ello puede verse a gente amable y sencilla casi siempre con una sonrisa a flor de labios que conversa y se entrega a Dios con la familiaridad propia de quienes hacen de ese encuentro un espacio cotidiano de cercanía e intimidad.

Aquí un hombre se sienta a la vera del río siendo plenamente conciente de que su vida presente, las anteriores y las que están aun por venir no son sino pequeños pasos en un largo camino de regreso hacia Dios. Muy poco es lo que tiene además de su cuerpo, algunos harapos y un mendrugo de pan pero muy poco, también, es lo que ambiciona y  en ello reside su mayor riqueza.

El río es como un telón de fondo y delante de él conviven expresiones de lo más diversas: ofrendas, ceremonias funerarias, gente que lava sus ropas o que incluso toma un baño en el río, todo convive al pie de los gaths y a orillas del mismo y único río...

Kashmiri Pulao

Vamos a probar hoy con una típica receta de la India.
Para los que se animen a la versión hot, sólo tienen que agregar a la preparación tantos chiles verdes como sean capaces de soportar...

Ingredientes:

-500 gr arroz Basmati
-115 gr cebolla
-5 gr canela
-5 gr cardamomo
-5 gr clavo
-una pizca de cúrcuma
-1 gr azafrán
-10 ml leche
-20 gr nueces
-20 gr de castañas de cajú (anacardos)
-Aceite
-1 litro agua
-Sal
Opcional: chiles verdes

Preparación:

Limpiar y poner en remojo el arroz.
Cortar la cebolla en rodajas finas y dorarlas en aceite. Reservar.
Freír las especias salvo el azafrán, añadir el arroz y saltear.
Disolver la mitad del azafrán en un poco de leche tibia y añadir al arroz.
Añadir el agua caliente y mezclar. Agregar el resto del azafrán y cocinar hasta que el arroz quede suelto.
Servir adornado con cebolla frita y nueces.
Una buena opción es acompañarlo con cordero.

Perdona

Ghazal de José Henriques, del libro "Cantos de la Taberna":

El poder del amor es arrollador y dulce, como una gota de néctar
Jugamos con la impotencia mientras las olas del amor se elevan

Con desesperación deseamos preservar los desechos del pasado
Por qué aferrarse, deja que se vayan y sean depurados

No mires más al espejo requebrado de lo que ya fue
Con detalle quiere construir una imagen de lo que perdió

Perdonar y olvidar puede herir la memoria
Por qué cargar en nuestros hombros con tanta escoria

Gira, gira, te olvidarás de ti mismo, gira, no dejes de girar
Tus plegarias se elevarán, con ellas construirás un altar

Gira sin moverte, con velocidad y quietud al mismo tiempo
Con velocidad caminarás la senda, la quietud te hará pequeño

Y como la diminuta abeja atraída por el polen de la flor
No encontrarás descanso hasta encontrar el néctar del amor

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