Patanjali y el yoga


  Se cree que Patanjali vivió en el siglo II a.C. en la India y dejó una obra de enorme importancia y vigencia aun en nuestros días conocida como los Yoga Sutras.
  Se cuenta en los Puranas que su madre una yoguini soltera, era poseedora de una gran sabiduría y al no haber encontrado un alumno digno de heredar ese tesoro elevó su plegaria al Dios Sol; tomando agua entre sus manos dijo: “este conocimiento vino de ti, permite que a ti regrese” y en ese momento sintió que algo se movía en sus manos, era Patanjali. Pata significa caído y añjali alude al momento de la oración.
  Escritos a la manera oriental, los yoga sutras se presentan como una colección de aforismos en los que la economía de palabras es la constante.
  En pocas palabras puede decirse mucho y cada sentencia exige detenerse un buen tiempo. Exactamente lo opuesto a lo que ocurre con la escritura occidental cargada de palabras que poco dicen y que por eso nos permite avanzar a gran velocidad aun cuando estemos leyendo una voluminosa obra.
  Es decir que ya desde la forma de la escritura, los yoga sutras presentan un desafío. La concentración de sentido en pocas palabras, obliga a reformular los hábitos de lectura y a contentarnos con leer quizás una o dos páginas al cabo de toda una tarde.
  La sentencia con que principian los yoga sutras podría merecer ya una vida entera de reflexión: “Aquietad vuestra mente”.
  Occidente ha entronizado a la mente, la ha ensalzado hasta convertirla en regente absoluto y ha instalado –a la par– una falsa dicotomía entre ella y el espíritu.
  Oriente no concibe ese antagonismo. La mente no sólo no se considera reñida con la espiritualidad sino que por el contrario una y otra son vistas como complementarias.
  Es por eso que una mente pulida y modelada, ayuda y potencia el desarrollo espiritual. Pero una mente mecánica -ávida de experiencias- puede transformarse en un secreto enemigo para el aspirante en el sendero espiritual.
  El sistema filosófico de la India, su religión, su medicina, sus costumbres conforman un contexto perfectamente coherente y, antes que cualquier otra cosa, razonable. La razón campea en el Oriente; la inteligencia ha florecido y florece permanentemente en el Oriente de la mano de sus maestros, sus filósofos, artistas, médicos, alquimistas o matemáticos (a quienes debemos incluso muchos de los hallazgos que la ciencia occidental acabó descubriendo 3000 ó 4000 años después de descubiertos).
  El yoga enseña que mente y espíritu no pueden ser separados. Y también que la mente ha de ser un instrumento al servicio de fines más altos. Hacer de la mente un fin en sí misma, no ha generado sino confusión, angustia y pérdida de sentido en este, nuestro Occidente agobiado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores