El día de hoy



Hay una máxima Samurai que dice: “La vida es una sucesión de días, si el Samurai no piensa más que en lo que tiene que hacer ese día, será capaz de realizar cualquier acción. La labor de un solo día siempre se puede tolerar. Mañana no será más que un solo día”.

Más allá de su aparente sencillez, la cita resulta significativa a la hora de entrever el modo en que es percibido el tiempo en el oriente y la relación que los hombres establecen con él.

La impasibilidad ante el fenómeno de la enfermedad o la muerte, el olvido de sí mismo y de la propio fortuna o desgracia, la capacidad de perdonar y olvidar, y también la capacidad de construir partiendo desde ruinas, todos rasgos típicos de la mayoría de las culturas orientales, pueden ser vistos como reflejos de la particular relación que establecen con el tiempo.

Se cree en Oriente que el tiempo no existe en sí mismo de la manera lineal en que el hombre lo percibe. Incluso filósofos y científicos en Occidente podrían acordar con esta idea.

El tiempo sería un mero artificio, una regla más en el fascinante juego de la creación, pero no más que eso. Claro que quienes participamos del juego solemos vivir una relación bastante tortuosa con el tiempo: el pasado que siempre nos acosa con cuestiones irresueltas y con otras que ya jamás podremos cambiar; el presente que se nos escurre como agua entre los dedos y el futuro siempre incierto y, por lo tanto, peligroso, amenazador.

Distinta es la situación de aquél que asume que su condición de hombre estrecha su conciencia a esta percepción lineal, pero sabe que el tiempo es otra cosa.

Él puede vivir en el presente permanente: el pasado está muerto, es una piedra; el futuro aun no existe. Así el presente es siempre hoja en blanco; máxima y absoluta libertad.

Las posibilidades de creación son en el presente infinitas. En el presente todo puede ser, todas las opciones existen en potencia... Claro que una vez que se actúa algo ha sido modificado, ya un trazo ha sido puesto sobre el lienzo blanco; pero sin que podamos siquiera percibirlo inmediatamente después de haber actuado estamos otra vez en el presente, donde todo puede llegar ser, donde todo se puede realizar...

Cine: Baraka

La palabra Baraka, de origen árabe e inspiración Sufi, puede definirse aproximadamente como "bendición" o "gracia". 

El mundo natural no es un sistema lineal. Éste implica una infinidad de variables interactuando simultáneamente. No hay lenguaje alfabético capaz de abarcarlo, por lo que no hay argumento capaz de plasmarlo.

Sin palabras transcurre este documental que no se limita a exponer imagenes en una sucesión organizada como argumento clásico, sino que más bien construye un lenguaje donde la conexión por similitud o contraste de las imágenes producen sensaciones y significados. 

Donde no se aclara en ningún momento a qué lugar o gente corresponden las imágenes que vemos. Así cada imagen se funde con la otra en una nueva y única, la multiplicidad encuentra la unidad dentro nuestro como espectadores y actores de este mundo.

La filosofía taoísta y el desarrollo del lenguaje chino son ejemplos de lo que sucede en una película como ésta; continúan mostrando que existe un modo de comprender y acompañar el proceso de la naturaleza distinto al de expresarlo en palabras. Un lenguaje ideográfico resulta más próximo a la naturaleza que uno estrictamente lineal y alfabético. En todo momento la naturaleza es una simultaneidad de modelos. Esta simultaneidad se ve reflejada en la película documental "Baraka".

Así, podemos ver en la película a un monje budista que camina muy lentamente entre el gentío de una calle comercial en Hong Kong, la mirada de un jefe indio amazónico, un religioso judío orando ante el muro de los lamentos, una tribu watusi saltando en oración extática, unos jóvenes en un subte, soldados chinos custodiando municiones, un mono que descansa en un lago, cielos y estrellas vistos desde diversos puntos del planeta, templos, cañones de piedra, pirámides y tumbas en Egipto, campo de concentración en Auschwitz, el monte Everest, Camboya, volcanes en Hawaii, rituales tribales africanos, un eclipse solar, campanas, procesiones de peatones y autos, indios bañándose y orando en los Ghats del Ganges, la huella humana en la Tierra y la Tierra virgen sin la influencia del hombre, los pozos de petróleo encendidos luego de la guerra del Golfo, China, India, Tibet, Israel, Japon, Australia, Amazonas, Estados Unidos, Francia, Indonesia...

Un rosario de imágenes compone en nosotros una noción que oscila entre el asombro y el reconocimiento de lo familiar. Esto no necesariamente sucede por encontrarnos, por momentos, con alguna escena conocida de este mundo tan vasto; a menudo nos sucede cuando se encuentran las imágenes más dissímiles pero que cobran sentido como partes integrales de la creación donde todo está hecho del mismo material: la gracia de Dios.


Bilal, perfecto esclavo




En tiempos del Profeta Muhammad vivió Bilal Ibn Rabah. Bilal era un esclavo etíope del clan de los Umaias en Meca. Su vida de esclavo era muy dura y discurría al compás de los abusos y humillaciones de sus amos.
Todos los días eran iguales, no era dueño de su presente y el futuro era una ilusión.
En aquellos días de desesperanza, Bilal oyó las primeras noticias acerca de Muhammad. El tiempo fue pasando y ese nombre, Muhammad, creció dentro de Bilal hasta que el esclavo sintió una llamada y se dirigió al encuentro del Profeta. Bilal fue arrasado por la belleza, el amor y la fuerza del mensaje del Profeta y abrazó su fe.
La noticia se propagó entre los Umaias rápidamente. Los amos de Bilal se sintieron avergonzados porque uno de sus esclavos hubiese seguido a Muhammad. Y fue así que decidieron torturarlo hasta que renegase de su Dios.
El castigo fue atroz y  sostenido. Cada tanto los torturadores ofrecían a Bilal detener el tormento si accedía a adorar a los ídolos de Meca. Bilal se mantuvo firme.
Este espisodio de la vida de Bilal se encuentra relatado en el Masnavi de Jalaluddin Rumi. Rumi refiere que Bilal en medio de los azotes proclamaba, ¡O Muhammad! ¡Oh tú de quien está lleno mi cuerpo y mis venas! ¿Cómo puede haber lugar para renegar de ti? ¿Cómo puedo arrepentirme del Amor? He sido avasallado por el Amor. Por la ceguera del Amor he brillado como el sol. ¿Qué importa lo que habrá de ocurrirme? Si estoy siguiendo el curso de Tu sol.
Tan poderosa se reveló la fe de Bilal que sus amos perdieron la esperanza de cualquier éxito a pesar de los tormentos. Así fue que se presentó Abu Bakr, uno de los más cercanos seguidores del Profeta, en el lugar donde lo castigaban y dirigiéndose a sus torturadores, les dijo: "¿Castigan a este hombre sólo porque dice que su Señor es Dios?” y luego les dijo: "Tomen todas estas piezas de oro y dejenlo libre". Umaia sintió un inmenso alivio. Tomó el dinero, entregó el esclavo a Abu Bakr y le dijo: "Aunque hubieses ofrecido una sola pieza de plata, te lo hubiera entregado de todos modos".  A lo que Abu Bakr replicó: "¡Aunque me hubieras pedido cien piezas de oro por él igualmente lo hubiera comprado!"
Así Abu Bakr liberó a Bilal quien viajó a Medina para encontrarse con el Profeta.
Fue allí donde el Profeta eligió a Bilal para que llamara a los musulmanes a la oración cinco veces al día en la mezquita, transformándose en el primer muecín del Islam.
Los Umaias creían ser los amos de Bilal porque podían dirigir sus movimientos, establecer cuándo debía dormir o comer o incluso torturarlo, pero no contaban con que  un hombre de la fe de Bilal sólo reconoce como amo al Único. Así el esclavo de los hombres se volvió, a los pies del Maestro, el esclavo perfecto de Dios.

La Seducción

Ghazal de José Henriques

La rueda de la creación gira y gira  la velocidad es vertiginosa, no la podemos parar 
Por eso vivimos apurados, pensando que podemos realizarlo con gran celeridad             
Cinco mil años atrás sus amantes viajaban durante semanas en carretas de bueyes
Bajo la lluvia o el calor y con cada traqueteo le cantaban al amor                             
En esos días lo llamaban Krishna, sus amantes eran seducidos por el sonido de su flauta
Los más grandes guerreros se arrodillaban ante Él empuñando lirios rojos como armas

La rueda sigue girando, de ella no podemos saltar, mejor caminar hacia el centro
Él nos espera… ha venido de nuevo a la Tierra y nos cautiva con su silencio                                                                  
La seducción sigue, hasta que el amante en su desamparo lo induce a entrar en su casa
¡Da banquetes en su honor y fiestas sin fin!… no olvides él quiere ser el único invitado
                               
Puedes cantarle o hacer música, a tu alcance tienes el instrumento más sublime
Él no puede soportar la lejanía al escuchar las notas de un corazón puro, embriagado

Querido amigo no puedes imaginar
 el poder que tienes al alcance de tus manos
Aquél que es Libertad absoluta se vuelve el esclavo del amor de sus amantes.

El Ying Yang de los alimentos


El Ying-Yang es juego permanente de lo antagónico y complementario.
Es la danza de los opuestos que se buscan y se armonizan.
Todas las cosas son una combinación de estas dos fuerzas.
Las encontramos en todos los elementos de la naturaleza y por supuesto también en los alimentos.
Podemos decir que un alimento es más ying o más yang que otro.
La medicina taoísta ha hecho de la combinación de estos dos elementos un verdadero arte que procura el equilibrio necesario para mantener una buena salud. En una cocina saludable deben existir todos los elementos para mantener o recuperar el equilibrio que es salud.

La energía Ying: enfría, es superficial, se acumula en la parte mas superficial del cuerpo, va hacia fuera, tiene una vibración rápida (el efecto se percibe rápidamente).
En este extremo encontramos: alcohol, café, té, especias fuertes, azúcar, manteca, crema y productos lácteos blandos.
El exceso de ying produce dispersión, falta de energía y apetito.

La energía Yang: es caliente, profunda, va hacia el interior a las partes profundas del cuerpo, tiene una vibración lenta. Aquí encontramos la sal, carne, huevos, quesos secos y salados.
Los excesos de yang producen tensión, irritabilidad, impaciencia, agresividad.

La medicina taoísta recomienda consumir alimentos equilibrados que nos permiten conservar la armonía interna. Estos alimentos son los cereales integrales, legumbres y proteínas vegetales, algas, pescados de aguas profundas, verduras y frutas locales y de estación, semillas y frutos secos.
Una buena alimentación debe tomar siempre en cuenta nuestras necesidades particulares, la actividad que desarrollamos, el lugar donde vivimos, las estaciones  del año y nuestra propia naturaleza.
Un menú típico consiste en cereales integrales, entre un 50 % y un 35 % del plato, 25 % de verduras, 15 % de proteínas, 5 % de sopas y 5 % de frutas. A esto debemos agregar como complemento algas y semillas.
Aquí va una receta sencilla y saludable para que vayan probando:
 
Estofado otoñal de verduras

Ingredientes:
1 tira de alga wakame
2 cebollas cortadas en cubos
¼ de calabaza pelada y cortada en cubos
2 zanahorias cortada en rodajas
2 nabos cortados en rodajas

Condimentos:
Aceite de oliva
Sal marina
Una ramita de romero fresca
Una rama de canela
Perejil cortado fino

Preparación:
Saltear la cebolla con el aceite de oliva con una pizca de sal en una cazuela profunda a fuego mediano.
Añadir el resto de las verduras y el alga cortada fina, el romero, la canela y colocar agua hasta que cubra a la mitad las verduras.
Tapar y cocinar a fuego lento durante 30 minutos aproximadamente. Servir caliente y decorar con perejil. Y Bon Appetit...

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