Bilal, perfecto esclavo




En tiempos del Profeta Muhammad vivió Bilal Ibn Rabah. Bilal era un esclavo etíope del clan de los Umaias en Meca. Su vida de esclavo era muy dura y discurría al compás de los abusos y humillaciones de sus amos.
Todos los días eran iguales, no era dueño de su presente y el futuro era una ilusión.
En aquellos días de desesperanza, Bilal oyó las primeras noticias acerca de Muhammad. El tiempo fue pasando y ese nombre, Muhammad, creció dentro de Bilal hasta que el esclavo sintió una llamada y se dirigió al encuentro del Profeta. Bilal fue arrasado por la belleza, el amor y la fuerza del mensaje del Profeta y abrazó su fe.
La noticia se propagó entre los Umaias rápidamente. Los amos de Bilal se sintieron avergonzados porque uno de sus esclavos hubiese seguido a Muhammad. Y fue así que decidieron torturarlo hasta que renegase de su Dios.
El castigo fue atroz y  sostenido. Cada tanto los torturadores ofrecían a Bilal detener el tormento si accedía a adorar a los ídolos de Meca. Bilal se mantuvo firme.
Este espisodio de la vida de Bilal se encuentra relatado en el Masnavi de Jalaluddin Rumi. Rumi refiere que Bilal en medio de los azotes proclamaba, ¡O Muhammad! ¡Oh tú de quien está lleno mi cuerpo y mis venas! ¿Cómo puede haber lugar para renegar de ti? ¿Cómo puedo arrepentirme del Amor? He sido avasallado por el Amor. Por la ceguera del Amor he brillado como el sol. ¿Qué importa lo que habrá de ocurrirme? Si estoy siguiendo el curso de Tu sol.
Tan poderosa se reveló la fe de Bilal que sus amos perdieron la esperanza de cualquier éxito a pesar de los tormentos. Así fue que se presentó Abu Bakr, uno de los más cercanos seguidores del Profeta, en el lugar donde lo castigaban y dirigiéndose a sus torturadores, les dijo: "¿Castigan a este hombre sólo porque dice que su Señor es Dios?” y luego les dijo: "Tomen todas estas piezas de oro y dejenlo libre". Umaia sintió un inmenso alivio. Tomó el dinero, entregó el esclavo a Abu Bakr y le dijo: "Aunque hubieses ofrecido una sola pieza de plata, te lo hubiera entregado de todos modos".  A lo que Abu Bakr replicó: "¡Aunque me hubieras pedido cien piezas de oro por él igualmente lo hubiera comprado!"
Así Abu Bakr liberó a Bilal quien viajó a Medina para encontrarse con el Profeta.
Fue allí donde el Profeta eligió a Bilal para que llamara a los musulmanes a la oración cinco veces al día en la mezquita, transformándose en el primer muecín del Islam.
Los Umaias creían ser los amos de Bilal porque podían dirigir sus movimientos, establecer cuándo debía dormir o comer o incluso torturarlo, pero no contaban con que  un hombre de la fe de Bilal sólo reconoce como amo al Único. Así el esclavo de los hombres se volvió, a los pies del Maestro, el esclavo perfecto de Dios.

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