El mundo como Ilusión


Cierto día mientras Ananda, el discípulo más cercano y fiel del Buda, caminaba junto a su maestro por los bosques de la India, le preguntó: -Maestro, tú dices que la Creación es Ilusión, que este mundo que puedo ver, tocar y vivir es ilusorio... Mi mente entiende tus palabras, pero no logro convencerme de su significado profundo...
El Buda se limitó a mirarlo y sonrió.
Luego de varios minutos el Maestro rompió el silencio y dijo: -Estoy sediento Ananda, ¿podrías buscar un poco de agua para mí?
Ananda vio distante a unos trescientos metros algo que parecía ser una granja. –Iré por el agua. Enseguida regreso. Le dijo.
Batió palmas al acercarse a la puerta y fue recibido por una joven mujer. Sus cabellos rubios y lacios, su figura esbelta y grácil, impactaron violentamente a Ananda que quedó prendado de la belleza de la joven, al punto que olvidó el propósito que lo había llevado hasta allí.
Detrás de la joven se encontraba su padre quien al ver a un hombre fuerte como Ananda, pensó en lo bueno que sería la ayuda de un par de brazos jóvenes para dar nueva vida a la granja familiar y no dudó en proponérselo. Ananda aceptó de inmediato.
La granja comenzó pronto a florecer con nuevos animales y más y mejores cultivos,. Para que la felicidad fuera completa, el granjero pensó que debía casar a su hija con Ananda. Los deseos del padre se cumplieron y de la unión nacieron dos hermosos niños. Poco después el viejo granjero murió, la familia lo lamentó mucho pero siguió adelante.
Hasta que cierto día se levantó un enorme vendaval. Las aguas de un arroyo que se encontraba cerca alcanzaron tal caudal que Ananda debió abandonar la finca para intentar conservar su vida y la de su familia.
A poco de emprender la partida y con el agua ya a la altura de la cintura, Ananda pudo ver cómo el más pequeño de sus hijos era arrancado por acción del viento de los brazos de su madre y arrastrado por la marea... La madre en un intento desesperado por recuperar al niño, golpeó su cabeza contra el tronco de un árbol y fue arrastrada inconsciente por las furiosas aguas. Al contemplar esta escena, Ananda no advirtió que el mayor de sus hijos se había soltado de su mano y se deslizaba también aguas abajo...
Pese a la conmoción, Ananda tuvo que esmerarse para conservar su propia vida y así nadó, y nadó, soportando los embates cada vez más violentos de las aguas y el viento...
Luego de un largo trecho divisó lo que parecía ser una inmensa piedra y se dirigió a ella. Empleó sus restos de fuerzas para trepar a ella, y colocarse a salvo de la tormenta.
Grande fue su sorpresa al descubrir que sobre la piedra se encontraba el mismísimo Buda que al ver emerger a Ananda se limitó a preguntar: -¿Y mi vaso de agua?
Ananda furioso replicó –De qué vaso de agua me hablas, no sabes la tragedia que he vivido... Yo era el dueño de una granja espléndida que había conseguido con el fruto de mi esfuerzo y tenía una hermosa esposa e hijos y lo perdí todo a causa de un temporal que me ha dejado completamente solo y en la más absoluta de las miserias...
Luego de esto se hizo un silencio y Ananda recordó el pedido de su Maestro y su pregunta inicial.

Según cuentan, toda esta historia transcurrió en el tiempo que tarda una persona en caminar trescientos metros, pedir un vaso de agua y regresar al punto de partida.

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