Apariencias

Extraído de: "El buscador de la Verdad" de Idries Shah

Yahya, hijo de Iskandar relata:

Durante muchas veladas me senté en la casa del sufi Anwar Alí Jan. La gente le llevaba regalos que él convertía en alimento y hacía servir cada noche antes de la hora de meditación.
El sufi no dejaba que nadie se acercase a él que se sentaba en una esquina alejada del resto; durante la comida movía constantemente la mano derecha de su taza a su boca. Muchos de aquellos que lo visitaban decían:
- Este hombre es altivo, le falta humanidad, porque se mantiene apartado de sus invitados.
Cada noche yo movía mi lugar imperceptiblemente más cerca de él, hasta que un día cuando estuve lo suficientemente cerca pude ver que, aunque hacía el ademán de comer, no había comida en el tazón del sufi.
Al final no pude refrenar mi curiosidad y le dije:
¿Cuál es la causa de su extraño comportamiento? ¿Por qué simula comer y por qué permite que la gente diga que usted es altivo, cuando de hecho es modesto y abstemio, y no quiere incomodarlos o avergonzarlos? ¡Oh usted, el más excelente de los hombres!
El sufi respondió:
- Es mejor que piensen que me falta modestia a través de la observación de lo externo a que puedan pensar que soy virtuoso a través de la mera observación de exterioridades. No puede haber mayor error que atribuir méritos a través de apariencias. Hacerlo insulta a la presencia de la virtud interior y verdadera, al imaginar que no existe para ser percibida. Hombres externos juzgarán mediante factores externos; pero al menos no estarán contaminando cosas internas.

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