Pura Contemplación

La mirada de la voluntad es impura y ardiente.
El alma de las cosas, la belleza, sólo se nos revela cuando no codiciamos nada, cuando nuestra mirada es pura contemplación.
Si miro un bosque que pretendo comprar, arrendar, talar, usar como coto de caza o gravar con una hipoteca, no es el bosque lo que veo, sino solamente su relación con mi voluntad, con mis planes y preocupaciones, con mi bolsillo. En ese caso el bosque es madera, es joven o viejo, está sano o enfermo.
Por el contrario, si no quiero nada de él, contemplo su verde espesura con "la mente en blanco" y entonces sí que es un bosque, naturaleza y vegetación; y hermoso.

Lo mismo ocurre con los hombres y sus semblantes. El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es sólo un turbio reflejo de mi voluntad.

En el momento en el que la voluntad descansa y surge la contemplación, el simple ver y entregarse, todo cambia. El hombre deja de ser útil o peligroso, interesante o aburrido, amable o grosero, fuerte o débil. Se convierte en naturaleza; es hermoso y notable como todas las cosas sobre las que se detiene la contemplación, porque contemplación no es examen ni crítica, sólo es amor. Es el estado más alto y deseable de nuestra alma: el amor desinteresado.

Herman Hesse
Extraído de “Mi Credo”

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Alguna ves tuve la suerte de poder mirar ese bosque y contemplarlo tal cual es, pero hace tiempo hace mucho tiempo...

Anónimo dijo...

Ѵale, noo estoy plenɑmente de acuerdߋ con lo comentado, sin emЬargo no est� mal el contenido.Un saludo!



Si quiereѕ leer mas ; Mar

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