Peregrinaje y peregrinos



  Existen infinidad de lugares tanto en Oriente como en Occidente que son considerados sagrados y, como tales, lugares de peregrinaje.
  Siempre despertó mi curiosidad la idea del peregrinaje. ¿Cuáles son los motivos que llevan a alguien a embarcarse en esa experiencia? ¿Qué es lo que se vive tomando parte de ella? ¿Qué se busca en los lugares sagrados? ¿Existe verdaderamente algo diferente de lo que puede hallarse en un lugar corriente, o es solo un cambio de actitud del peregrino que podría suceder en cualquier otro sitio?
  Visitar lugares sagrados y conversar con peregrinos, me sirvió para tener una imagen un poco más clara de este asunto.
  Desde peregrinaciones a lugares muy concurridos como Tierra Santa, pasando por peregrinajes obligatorios como aquél que manda a todo musulmán a peregrinar una vez en la vida a la Caaba en la Meca, hasta peregrinajes solitarios como los que pueden verse en modestas tumbas de santos y maestros a lo largo de la India, aparece siempre una continuidad.
  Independientemente de lo que ocurra afuera: ceremonias, fastos, rituales o mero silencio y contemplación, el peregrinaje es siempre una experiencia personal e interna. Todo lo demás pasa a un segundo plano.
  Los relatos de distintas religiones y distintos sitios vuelven invariablemente sobre este punto.
  El peregrinaje es una experiencia íntima de encuentro entre peregrino y Maestro, entre el peregrino y su fe. Y nadie puede inmiscuirse en esa vivencia.
  Se dice, además, que los sitios sagrados tienen la particularidad de favorecer esta experiencia interna pues han sido especialmente elegidos por los maestros que han dejado en ellos una intensa presencia.
  El resto corre por cuenta del propio peregrino, queda en sus manos lo provechosa que pueda resultarle la experiencia.

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