ANHELO



  Quién no ha sentido alguna vez una sensación de agitación al pensar acerca del sentido de la propia vida.
  A veces sucede que vivimos un hecho extraordinario: alguien muere, alguien nace, alguien enferma, alguien sufre un inusual golpe de fortuna o de desgracia. En esas ocasiones la inquietud se vuelve visible.
  A veces sucede que esa agitación se instala de modo más o menos permanente y motoriza una búsqueda.
  Pero la mayor parte de las veces esa voz es silenciada, preferimos embarcarnos en la búsqueda de lo agradable y placentero para distraernos un poco.
  Sin embargo cada tanto, un eco, una ligera sensación de incomodidad, nos recuerda que las preguntas sin respuesta siguen rondando, acechantes.
  Podemos rehuir el asedio, vistiéndonos con nuevos y coloridos disfraces. O podemos dejar de lado los rodeos y colocar a estas preguntas esenciales y fundantes en el centro de nuestra vida.
  Se dice en Oriente que quienes así proceden comienzan, poco a poco, a sentir un impulso, una aspiración por saber, una inclinación, una expectativa, una sed. A esa sed de conocimiento la llaman “anhelo”.

  Es curioso que la misma condición que nos anima, sea –a su vez– causa de molestia: me refiero a la individualidad.
  El hecho de ser personas separadas y libres nos permite movernos en el mundo al antojo. Pero esa misma separación, nos inquieta. En algún punto nos sabemos unidos a una realidad mayor que nos trasciende. La idea es al principio una sospecha, una mera conjetura, más tarde puede convertirse en certeza.
  Dicen que cuando esa certeza se afianza, la búsqueda se vuelve más intensa y urgente. La separación actúa alimentando la búsqueda, y el anhelo por conocer la verdad es cada vez más vehemente. El anhelo alcanza su máxima expresión cuando, de renuncia en renuncia, el individuo renuncia incluso a anhelar. Ya no anhela nada, ni siquiera conocimiento o comprensión. Su único deseo es volverse como el polvo a los pies del maestro.

Shivaji


Estatua de Chhatrapati Shivaji, Ahmednagar, Maharastra, India

El Fuerte de Shivaji en Raayagadh era impenerable. Lo protegía a él y a su reino de muchos reyes enemigos. La seguridad de la fortaleza (Durga) era de suma importancia para el Reino. La muralla era fuertemente custodiada y las puertas eran abiertas solamente de 6am a 9 pm, con estricta seguridad. La ley decía que nadie podía entrar o salir del Fuerte excepto entre esas horas.

Había una mujer del pueblo que se llamaba Jiraakamii. Solía prestar servicios domésticos al palacio cada día. Todos los días iba y venía del pueblo al palacio, y para este propósito tenía que atravesar las murallas del Fuerte de Raayagadh.

Un día, la esposa de uno de los campesinos estaba teniendo labores de parto. Jiraakamii la ayudó a tener a su bebé, y por lo tanto arribó más tarde que de costumbre al palacio. Para el tiempo en que había terminado su trabajo dentro del palacio, ya eran pasadas las 9 de la noche y las puertas estaban cerradas. Jiraakamiil e dijo al guardia de la entrada que la dejara salir; dijo que si ella no volvía a su casa no podría amamantar a su bebé. El guardia se compadeció se la mujer, pero no podía ir en contra de la ley y siguió el designio de su servicio. Le aconsejaron a la mujer que descansara en la casas de huéspedes, asegurándole que el esposo de Jiraakamii estaría en la casa y se las arreglaría para alimentar al bebé.

A la mañana del siguiente día, tan pronto como dieron las 6, el guardia de seguridad buscó por todos lados a Jiraakamii,  para permitirle dejar el Fuerte. Pero no la encontró. Buscaron por todos lados y ¡encontraron señales de que Jiraakamii había cruzado el muro! Los guardias estaban asombrados porque incluso grandes guerreros jamás habían podido cruzar las murallas del Fuerte. Cómo podía haberlas cruzado Jiraakamii. Temiendo por una brecha en la seguridad, inmediatamente reportaron las noticias a Shivaji.

Shivaji llegó rápidamente a los límites y verificó lo que había sucedido. Mientras todos estaban tratando de entender cómo había sido esto posible, Jiraakamii llegó ante Shivaji y le dijo que ella había quebrado las reglas porque tenía que alimentar a su bebé. Ella dijo que estaba muy apenada por lo que había hecho y que estaba lista para recibir el castigo por su error. Dijo que ni siquiera ella sabía cómo había logrado cruzar el muro y salir del Fuerte.

Shivaji se arrodilló a los pies de Jiraakamii, y postrándose le pidió perdón por su error. Dijo “Madre, yo puedo entender tu amor de madre. Por favor discúlpame por no haber sido capaz de dejarte salir del Fuerte. No hay regla más grande que el deber de una madre con su bebé. Esta torre de vigilancia será llamada con tu nombre para honrarte.” Desde ese momento la entrada al Fuerte fue llamada Jiraakamii, y la gente nunca olvidó la grandeza de esta madre y de Shivaji.

La dualidad y el Uno


La ilusión se expande en la dualidad; la realidad es uno.

En el mar de opuestos mi vida es solo prisa en busca de lo agradable, lo placentero, lo seguro y lo conveniente. Ojos bien abiertos para esquivar el dolor, para olvidar la muerte, para no ver al otro que sufre y que refleja –de algún modo– mi propio sufrir.

La realidad es solo uno.

Como en un caleidoscopio, las combinaciones de lo creado van arrojando cada segundo como resultado formas diferentes, todas de potente atractivo. Pero el ojo que las ve no se mira a sí mismo.
Mi mirada prefiere el deleite; el fascinante espectáculo de la danza que Adán y Eva bailan expulsados del paraíso. El mundo amanece cada día como una invitación a descubrir y acumular nuevas experiencias.

Pero solo uno es la realidad.

No hay par. No hay otros. Ni sujeto ni objeto. La realidad no puede descomponerse en factores o moléculas. Esos son juegos de la mente. Y la verdad que es una pena, si hubiera algún otro tendría a quién seguir; si hubiera algún otro tendría a quién culpar.

Si solo uno existe el asunto se torna difícil. La mirada debe necesariamente volverse hacia adentro y puede que no gusten algunas imágenes de esa visión. Pero ahí está el germen. El material del que todo está hecho. Renunciar a buscar afuera es difícil; implica renunciar a enamorarse del mundo y dejar de juzgar, de clasificar, abandonar el lugar de espectadores en el teatro del mundo y pisar el escenario. Sentir el crujir de las tablas bajo las suelas, y embarcarnos en la búsqueda del hombre que tenemos que ser.

La realidad es uno, uno mismo.

Rostros de Oriente

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desde el Líbano


Fragmento del capítulo dedicado al Amor del libro 'El Profeta' de Kahlil Gibran.

Dijo Almitra: Háblanos del Amor.
Y el profeta levantó la cabeza, miró a la gente 
y una quietud descendió sobre todos. 
Entonces, dijo con gran voz:

Cuando el amor los llame, síganlo.

Y cuando su camino sea duro y difícil.
Y cuando sus alas los envuelvan, entréguense. 
Aunque la espada entre ellas escondida los hiera.
Y cuando les hable, crean en él. 
Aunque su voz destroce nuestros sueños, 
tal cómo el viento norte devasta los jardines.
Porque, así como el amor los corona, así los crucifica.
Así como los nutre, así los poda.
Todo esto hará el amor en ustedes
para que puedan conocer los secretos de su corazón
y convertirse, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.
El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.


 
Tema compuesto al poeta Kahlil Gibran, por Abaji

El Profeta y su Turbante



Un día el Profeta estaba sentado, rodeado de sus discípulos, hablando sobre Allah, mientras ataba el turbante en su cabeza. Uno de ellos le preguntó: “Muhammad, a menudo el arcángel Gabriel ha venido a verte con mensajes de Dios, ¿le pediste alguna vez que te describiera cómo es Dios?”. Muhammad le respondió que no lo había hecho y que la próxima vez que el arcángel llegara con un mensaje, se lo preguntaría.

Cuando el arcángel Gabriel llegó con un nuevo mensaje para el Profeta, Muhammad le pidió que le describiera a Dios. El arcángel le respondió que no lo había visto, ya que cuando Dios le daba un mensaje, él nunca elevaba los ojos para mirarlo. Pero le dijo que la próxima vez lo haría.

Pasó el tiempo, nuevamente el arcángel Gabriel llegó con un mensaje y el Profeta le preguntó si esta vez había mirado a Dios. El arcángel le respondió que sí. “Dime, ¿cómo es Dios?" preguntó el Profeta.

Gabriel le respondió: “Dios es una refulgencia de extremo brillo y gran belleza”. “Cuéntame, ¿qué más pudiste ver?” inquirió Muhammadd “ ¡En medio de esa refulgencia pude verte a ti, oh Profeta, atándote el turbante!”.



Será


Será que tantas veces he perdido la razón por Ti
Que puedo verte aun en estos extraños disfraces

Será que tantas veces te busqué y te imaginé
Que ya eres hombre y mujer, cuervo o serpiente

Será que tu amor quema tanto que prefiero mi imaginar
A tu realidad de ojos perfectos

A veces cuando respiro sueño que es tu aliento
Y cuando duermo que las sábanas son tus cabellos

Sí, mi amor, definitivamente he perdido la cabeza
Y qué diferencia hay para un loco de amor
Entre la razón y la locura, entre la certeza y la duda

Tu belleza me ha cautivado
y este fuego blanco
Está transformando mi ser
Para amarte más y más


Letra: Gabriel Bollini; Música: Juan Saidón

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