Desapego: El asceta y el hombre rico



Había una vez en la cuidad de Shanghai,un asceta que mendigaba su comida por las calles. Este hombre había renunciado a tener posesiones materiales de cualquier tipo. Tan sólo llevaba una sencilla vestimenta de algodón y una manta para cubrirse por las noches.
Un día tocó a la puerta de una fastuosa mansión. Un hombre abrió y amablemente le preguntó en qué podía ayudarlo. El asceta le contestó: “Vine a pedirte alimento”. El hombre rico le dio cuanto pedía y el asceta se marchó.
Esta escena se repitió durante algún tiempo, hasta que cierto día el asceta al tocar la puerta dijo: “Has sido un hombre generoso,  pero la visión de tu casa y tus ropas de lujo me apenan. ¿Para qué necesitas todas estas posesiones? ¿No te das cuenta que sólo te atan? Nada de lo que te rodea podrás llevarte a tu próxima vida.”
El hombre rico lo escuchó atentamente, y le dijo: “Estas cosas no significan nada para mi”. “Ah ¿sí? ¿estás seguro?, entonces te propongo una apuesta” replicó el asceta. “Acompáñame en peregrinación al templo del Buda. Nos encontraremos aquí para partir juntos dentro de una semana, con una sola condición: ambos partiremos sin ninguna pertenencia. Tendremos que dejar todo atrás”. El hombre rico estuvo de acuerdo con los términos del desafío y los aceptó.

Al cabo de una semana, el hombre rico había arreglado todos sus asuntos, ordenado sus negocios y dispuesto sus bienes entre los miembros de la familia. Abrió la puerta de la mansión para salir de ella apenas con lo puesto, una sencilla vestimenta de algodón. El asceta lo esperaba meditando al pie de las escaleras de la casa en una actitud portentosa. Ambos se saludaron y partieron.

Pero habían caminado apenas unos metros cuando el asceta se detuvo y dijo “Espera, debo volver!”
“¿Qué detiene tu paso?” le preguntó el hombre rico.
“Olvidé mi manta” contestó el asceta.
El hombre rico echó a reír “Yo he renunciado a todo cuanto poseía, ¿y tú, puedes decir lo mismo?
“Es solo una sencilla manta, es mi único abrigo en las noches.” Replicó el asceta.
Ambos se miraron y el hombre rico, dijo:
“Creo que debemos regresar. He ganado la apuesta”

La Noche


Según la tradición el Profeta Muhammad dijo: “La noche es larga, no la acorta tu sueño; el día pasa, no lo empañan tus pecados”.
Al respecto Jalaluddin Rumi comenta: En la noche nace la quietud. En la noche Dios, el Altísimo, corre un velo a fin de preservar los actos de toda ostentación y garantizarles pureza.


La noche nos cubre con un manto de intimidad y silencio; pero su invitación puede ser terrible. Sabemos que en la noche cede toda hipocresía y precisamente por eso, le tememos.
El personaje que he estado construyendo durante el día para diferenciarme de los otros, los colores con los que me he pintado, los disfraces con los que he engañado, todo, todo eso se descascara por la noche y me siento como un niño desnudo y solo; infinitamente solo.
Llega la noche y el frío en el cuerpo, ni siquiera se puede dormir pero no me preocupa. Lo que la noche me tiene reservado habrá de llegar, sea como pensamiento o como pesadilla. Afloran los pensamientos que he ido postergando, y también los sentimientos que preferí barrer debajo de la alfombra del día.
El tiempo que perdí durante el día juzgando a los que me rodean, regresa encarnizado y con una persistencia atroz. Con resignación me digo intentando convencerme: los juicios no hacen mella en el enjuiciado, simplemente disminuyen a quien los pronuncia.
Pero sabias son las palabras del Profeta: La noche es larga. Y por ser, larga es asunto de hombres pacientes. Se trata de esperar, agazapado, un momento. En esa noche terrible, noche del desasosiego y del desamparo, puede abrirse de pronto una insospechada ventana.
En el escenario sin público de esta noche quizás se nos permita un segundo de intimidad. Un instante de claridad. Nada de certezas. Simplemente una ráfaga imposible de retener; el regalo de una vislumbre.
La ráfaga pasa y las dudas regresan, pero el recuerdo en los labios tiene un sabor único.

Finalmente cedo a la rutina del sueño, sonriendo.
Abrigo la esperanza de que mañana cuando el día eche nuevamente a rodar, ese recuerdo haga de la vida algo un poco más liviano.

Sueños

Poema de José Henriques

Sueños heroicos de coraje y valentía
Sueños comunes teñidos de alegría

Sueños de viajes a insólitos lugares
Sueños que se extinguen al llegar

Sueños de tez oscura y pelo enrulado
Sueños de tez pálida y ojos rasgados

Sueños de amor con otro compartido
Sueños de soledad buscando amigos

Sueños de dolor y esperanzas lejanas
Sueños de placer esperando el mañana

Sueños de religión, velas encendidas
Sueños de hermosura y mirada altiva

Sueños de gozo festivo y cambiante
Sueños de deseos buscando un amante

Comienza a cambiar tu dilecto sueño
Dentro de ti mismo busca lo más bello

No malgastes tu tiempo
Para de soñar, el tiempo ha llegado, ¡despierta!

Él se muestra a los héroes humildes,
Sueña, con encontrarlo

El rostro de mi Amado


Desde que vi el mapa del rostro de mi Amado
Aún permanece dibujado en mi corazón
La separación cortó en pedazos al corazón virtuoso
Dejando nada más que la mancha de la separación

Considera que el amor de la flor es Sabiduría
O que los rizos del Amado son un señuelo
Su recuerdo se parece al del ruiseñor,
Y ahora el recuerdo fue más allá de los cabellos;
Está atrapado en mi corazón

Cuando se aniquila al yo, la dualidad desaparece:
¡Y el amante mismo se convierte en Dios!
El corazón tiene un solo lugar
El Amado está en el corazón, o el corazón en el Amado
Ambos son el mismo lugar

¡Oh renunciante superficial!
Haces un espectáculo de tu plegaria
Pidiendo a Dios que satisfaga tus deseos
Recuerda, un verdadero amante no siempre encuentra a Dios
 escondido en el corazón
No hay nada que pedir
El encuentra a Dios manifestándose en el mundo

Los caminos de los Maestros son peculiares
Ellos hacen reir y llorar simultáneamente
Externamente parecen diferentes
Pero internamente todos tienen amor
Hay maltrato en los labios de los Maestros
pero bendiciones en sus corazones

Algunos dicen que la morada del Amado
Se halla en la Taberna, algunos dicen que en la Mezquita
Oh Huma, ¿qué estás buscando fuera?
Entiende que Dios está en Tí.

Ghazal de Huma

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