El Cantor del Amor


Los mundos del universo nadan en una gota del vino del amor
¿A este antojo del amor, acaso no es sabiduría la propia vida apostar?
No hay asunto en el mundo que no pueda resolverse arrojando una moneda
A cada paso, seguimos un camino que se bifurca en ganancia y pérdida

Sin embargo, cada una de nuestras burbujas es en esencia lo mismo,
diferentes mezclas de colores, con un nombre distinto
Diferentes experiencias de sed y de hambre
¿Qué importará la historia cuando cada burbuja estalle?

El hombre es por cierto una criatura extraña… se embarca en viajes
Cuando en sus arterias, nadan las estrellas y ondulan los mares
Construye monumentos para que otros recuerden lo que su espada cantó
¿Pero la mano que empuñaba esa espada, a quién perteneció?

El campo del amor es un campo de batalla sólo para héroes
El amante solo es libre, cuando no desea recompensa
¿Y en qué otro sitio, si no en el polvo podría una sombra morar?
Qué otra cosa puede decir el cantor del amor que no sea, en ti, puedo confiar                                  

                                                       Francis Brabazon



Radioteatro de la libertad



Quiero ser libre
Libre de los pies que caminan
De los ojos que miran
Del agua que bebo.
Libre de los oídos que escuchan
De las palabras que hablo
De las manos que acarician.
Libre del hambre que tengo
Del frío que siento
De los deseos que me atan
Libre del dolor que sufro

Llamando a Dios



Cuenta Jalaluddin Rumi, que cierta noche un hombre devoto oraba en alta voz cuando el Diablo se le apareció y dijo:

­–¿Hasta cuándo llamarás a voces: «Oh, ¿Dios?» Pierde cuidado que ciertamente no te llegará ninguna respuesta.

­El devoto inclinó silencioso la cabeza. Al poco tiempo vio al Profeta Khadir y oyó que le decía:

–¿Por qué cesaste de llamar a voces a Dios?

–Porque no llegaba la respuesta «Aquí estoy», replicó.

Khadir le dijo:

–Dios me ordenó que venga a ti y te diga: ­–¿Acaso no era Yo el que te espoleaba para que orases? ¿No era Yo el que te ocupaba pronunciando Mi nombre? Tu llamada: «Dios», era mi respuesta: «Aquí estoy». Tu ardiente anhelo era el mensajero que Yo te enviaba. Yo era el que te arrancaba las súplicas y las lágrimas, y el que les ponía alas para que volasen al cielo.

Seguidores