Bunraku, teatro japonés de marionetas




El  teatro Bunraku de marionetas se caracteriza por la armoniosa combinación de tres elementos; el canto narrativo, la interpretación del laúd shamisén y el manejo de los títeres.

Mientras se escucha la narración y la música, el público observa la acción por parte de los títeres en el escenario. Los narradores se ubican en una plataforma a la derecha del escenario junto con los intérpretes de shamisén

La poesía es dramática y descriptiva. El Bunraku se caracteriza por tener una gran ornamentación poética y una vigorosa recitación. Sin embargo el lenguaje utilizado es el de la vida cotidiana.
El recitador declama, canta y narra la historia mientras su rostro expresa todos los sentimientos posibles en cada una de las situaciones que interpreta. Pese a no poder moverse del sitio que ocupa actúa con todo su cuerpo. Le está prohibido cualquier tipo de improvisación y debe ajustarse al ritmo estricto de la melodía.

El shamisén proporciona la melodía, y no es un mero acompañamiento.
La música tiene y transmite matices emotivos y psicológicos.
El peso de la interpretación del recitador y el movimiento de los muñecos recaen sobre la música. No dar una nota a tiempo podría resultar catastrófico para todo el conjunto.

El rasgo peculiar del bunraku es la actuación de los tres artistas manejando los títeres a la vista del público. El actor principal suele actuar con un lujoso kimono, mientras que los otros dos van vestidos de negro y llevan la cara cubierta con una especie de capucha también negra.
Se dice que la actuación de estos tres hombres solo puede tener éxito si respiran todos al mismo ritmo.

Asistir a una representación de bunraku equivale a contemplar una manifestación pura del alma japonesa. Porqué el bunraku se basa en la armonía de diferentes elementos, en la colaboración sacrificada de diversas personas para conseguir una misma finalidad, la belleza.

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