El Silencio del Buda


Resalta como uno de los rasgos más característicos de Buda, el de haber sido un ser silencioso. No hace falta ser un estudioso de las culturas del oriente, ni un filólogo avezado en el manejo de los cánones budistas; cualquier hombre común que haya tomado contacto alguna vez con una imagen de Buda coincidiría en destacar su apariencia bonachona y cordial, su sonrisa generosa y su silencio.

Entre los muchos silencios que Buda guardó, hay uno que ha sido especialmente elocuente. Buda guardó perfecto silencio en relación al misterio acerca de la existencia de Dios. La inquietante y perturbadora idea que entraña la presencia de una fuerza más allá de lo humano que creó y rige todo aquello que es.

Buda nunca negó la existencia de Dios, mas tampoco la afirmó.

Este silencio de Buda ha hecho posible que durante cientos de años hombres y mujeres que buscaban un sendero de autoconocimiento pero que no podían transigir con la idea de la existencia de un Dios, encontraran en el budismo un camino afín.

Parece mentira pero el lenguaje es un arma muy potente. Un rótulo de cuatro letras puede resultar depositario de tantas pasiones, expectativas y preguntas sin respuesta que tanto puede dar lugar a que se libren batallas en su nombre como a que un buscador sincero se vea impedido de continuar con su camino solo porque en la puerta a la que ha llegado una inscripción reza: “Dios”.

Buda vio que esto era una necesidad de su tiempo y que existían almas que precisaban que se las liberara del peso de ese nombre, ¿para qué? Para que la mente dejara de entretenerse con especulaciones y al ver la salida del sol pudiera sentir tibieza sin necesidad de explicar nada más.

El silencio de Buda fue su respuesta.

Cuando se acercaban a él hombres y mujeres aquejados por los males del mundo con la esperanza de que cambiara su suerte y los colmara de bienes, el Maestro permanecía en silencio.

Exactamente la misma respuesta recibían aquellos otros hombres que arropados bajo una actitud de búsqueda metafísica le preguntaban acerca de la existencia de Dios, del destino, del origen y fin de lo creado. Silencio, solo silencio.

El silencio de Buda es su respuesta pero no al modo de quien nada contesta. En su silencio Buda invita a volver sobre la pregunta y advertir que ella es el producto del frenesí de una mente desbocada. No hay preguntas más o menos elevadas, inquietudes más o menos importantes, toda inquietud viene de la mente y la mente debe ser aquietada. Esto no quiere decir que toda explicación sea desechable, otros maestros y seres extraordinarios han dejado sus libros y mucha explicación, esta ha sido simplemente la forma que tomó la enseñanza de Buda, delineada para las necesidades de su tiempo.

Hay algo que no deja de llamar mi atención hoy en día, en que puede verse a Buda por todas partes. ¿Por qué tanta fascinación por Buda en plena postmodernidad? Remeras, afiches, películas, bares temáticos, imágenes, restaurantes, música electrónica... Todo referenciado en la figura de Buda, qué tiene que ver todo eso con Buda. La cuestión desconcierta e intriga. Pienso que quizás, en estos tiempos nuestros signados por el vértigo y el ruido algo vemos en esa mirada silenciosa y buena, no sabemos bien qué pero vislumbramos que algo hay en esa figura capaz de contrapesar la velocidad, el dolor y el hastío del mundo en que vivimos...

1 comentario:

piloto_11 dijo...

Gracias, muy linda reflexión!

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