Rabi'a al Adawiyya, mujer santa del islam


Te amo con dos amores,
un amor hecho de deseo
y el otro, el digno de Ti.

El amor hecho de deseo me hace recordarte a cada instante,
despojándome de todo lo que no eres Tú.

El amor digno de Tí
aparta de mis ojos los velos para verte.

Ni por uno ni por otro merezco alabanza,
y por uno y por otro, ¡Alabanza a Tí!

Rabi'a al Adawiyya


Puentes



Para cruzar el puente, es preciso avanzar. El que avanza llega lejos, llegar lejos es retornar al lugar de origen.  
Lao Tse




“En este estrecho camino, la soledad será tu compañera, aprende a cantar, afina tu garganta. Qué importa si nadie te escucha, las rocas de la montaña y el viento serán testigos del que canta. El Cantor que con un sonido creó el universo, te espera al final del sendero. Cuando lo veas no corras, camina a su encuentro, goza de Su presencia, saborea cada momento.” 
José Henriques

"La invocación a Dios es como un ir y venir, una comunicación cada vez más completa, hasta que hay perfecta identidad entre los destellos de la consciencia y los deslumbrantes relámpagos del Infinito."
Ahmad al- Alawî.

Francis Brabazon


Siempre habrá humanos con ansias de romper los estándares y reglas del arte existente

Lo hicieron muchos. Destruir es fácil, mejor si llevó millones de años en hacerse vigente.

Qué nos dejan además de imágenes rasgadas y pedazos de material que ya no sirven para construir
Que guarden todas las obras, los palacios, y la antigüedad... la Nueva Humanidad será el mundo a venir
Tú, Francis, rompiste las reglas de la rima y de la métrica, arremetiendo contra el pasado y el presente
Destruiste la vanidad de las lágrimas y del placer, creaste la nueva poesía, de un corazón sediento.
Tú escribiste sobre el Amado, hiciste que en aromas fugaces pudiéramos olfatear el secreto
De un Amado que mira de reojo a los pretendientes, pero que al amor del amante siempre está atento
Francis Brabazon junto a su maestro Meher Baba

El Dios Hombre escuchó tus poemas una y otra vez, quería saberlos de memoria en su nueva Venida
Nosotros esperamos que por un antojo de Él en esa ocasión estemos a su puerta con una copa vacía.

Diwali, festival de la luz



Cada uno de los festivales de India  tiene una razón o una significación detrás de su celebración. Diwali el festival de la luz no es una excepción. Se celebra en toda la India. Y aunque la manera que se celebra en las diferentes regiones es distinta la razón detrás de estas celebraciones es la misma.

El festival de Diwali celebra el regreso del Señor Rama a su reino de Ayodhya después de derrotar a Ravana, el gobernante de Lanka en la épica historia de Ramayana.   Fue recibido por las personas que encendieron velas y pequeñas lámparas de aceite para celebrar su regreso.   


El Diwali tiene muchas historias y relatos. Las luces se encienden para significar el deseo de apartar la oscuridad y la ignorancia, así como despertar la luz dentro de nosotros mismos.

 




Para la filosofía hindú existe más allá del cuerpo físico y la mente, algo puro, infinito y eterno, llamado Atman  Así como celebramos el nacimiento de nuestro ser físico, Diwali es la celebración de esta luz. Simboliza el despertar de la persona a su propia naturaleza, no como un cuerpo, sino en su realidad más íntima.   





Cuevas de Ellora y el arte de cavar


Visitar el complejo de Ellora produce una sensación absolutamente singular. Muy diferente de la que tiene lugar al asistir a otras de las grandes obras de la arquitectura de la antigüedad o de la era moderna. 

La gran pirámide egipcia de Guiza, Machu Pichu en Perú, la basílica de San Pedro en el Vaticano, el Coliseo Romano o el Empire State en los EEUU, son todas fastuosas empresas en las que el hombre ha puesto de resalto su lugar de preeminencia en el mundo.

Están allí para demostrar que fuimos capaces de conquistar la naturaleza y que nos servimos de ella junto con la ciencia para crear, y ¡vaya si hemos sido capaces de crear! Lo hemos hecho de manera majestuosa.


Las grandes obras de la arquitectura suelen ser también grandes espectáculos, un modo de exaltar lo que el ser humano puede lograr.


Además de su utilidad específica, la finalidad de cualquier edificio que se concibe como una obra maestra es la de volverse visible y destacar. Por altura, por tamaño, por complejidad, por belleza... la idea es siempre impactar, captar la atención y ser más o mejor que otras grandes obras.

Por eso es un tanto extraña la lógica de los templos de Ellora: una obra maestra que se esconde en el corazón de la montaña. Un espacio consagrado al arte hasta en los más pequeños detalles, un lugar destinado al encuentro en la intimidad, que no busca alzarse delante de nuestros ojos para impresionar sino que invita a ser descubierto. Es un tesoro oculto.
Y allí reside quizás la mayor belleza de Ellora. De la mano de esa discreción. De su real humildad. Solo quien conoce la realidad de su grandeza es capaz de vestirse de piedra y verde, para esconderse.


Los maestros talladores repiten que cada ser humano es una pequeña montaña y en el pecho de cada uno anida el tesoro oculto. No es levantando ladrillos con actitudes estridentes, juicios y llamados de atención que el tesoro oculto comienza a develarse, sino cavando lenta y pacientemente hacia adentro. Cada vez más… y otro poco… y un poco más… despacio… cada vez más… más, más y más, profundo…



Destino

La puerta de la taberna es el destino de todos los senderos.
Algunos serpentean al borde del mar y otros son directos y expresos.
Es bueno mirar hacia afuera… buscar y examinar todos y cada rastro.
Hasta encontrar las huellas de algún hombre que conduzcan hacia la puerta del Amado.
Nuestra llegada allí es el fin de todo camino.

Antiguos maestros y sabios



Antiguos maestros y sabios
tan sutiles y escuetos
como fuerzas inaprensibles.
Inaccesibles en su esencia.
Por no lograr entender
describimos lo externo de su forma.
Cautos como quien cruza un río en invierno.
Mesurados, como el que teme a sus vecinos.
Tímidos como recíen llegados a casa ajena.
Impasibles como el hielo que se funde.
Simples como el lino sin hilar.
Sombríos como el agua turbia.
¿Quién logra despejar lo turbio con el silencio?
¿Quién, como los antiguos, logra la serenidad
pausadamente?
Quien alcanza el olvido de sí mismo, se encuentra libre de anhelos.
Y sólo quien se encuentra libre de anhelos, logra la humildad,
mitiga la inquietud incipiente y alcanza lo pleno.
Lao Tse

La molienda

Al principio el grano de arroz se cree mucho más que eso. Ha olvidado su modesto origen, de haber sido engendrado de una sola semilla para dar fruto y verdecer.
El grano de arroz se considera a sí mismo como una parte de algo mayor que lo contiene y le otorga sentido: La vigorosa y esbelta planta.
En la planta conviven muchos granos, todos atados a la suerte de la manada o en este caso la del racimo. El viento, al mover la planta, los mueve a todos en la misma dirección; el sol es el mismo sol para todos y el agua, mucha, es también la misma.
Fortuna o desgracia, cada grano sigue la suerte de la planta a la que se encuentra adherido. La planta aplana todo vestigio de individualidad: iguala y uniforma. Ningún grano se atreve a expresarse. La planta suprime la identidad pero a cambio, conforta con seguridad y contención.
Pese a todo lo encantador que pueda ser este estado, ha de llegar un momento que es inevitable. Para algunos granos el momento llega antes y para otros después, eso depende de un sinfín de variables. Pero algún día el momento de la cosecha, llega.
Las plantas son cortadas, los granos de arroz hacen ingentes esfuerzos por mantenerse unidos. Llega la zaranda. Los granos comienzan a separarse unos de otros, cáscaras, hojas, tierra, la depuración es lenta pero no cede, los granos de arroz golpean entre sí, se agitan de un lado al otro y al cabo de este laborioso proceso nacen a una nueva existencia.
Ahora pueden mirarse a sí mismos. Ningún motivo tienen para hacer alarde. Son pequeños, de un solo color y carecen de todo atractivo. Sin embargo descubren en ellos mismos una dureza que antes siquiera eran capaces de imaginar. Están solos. Y descubren que a pesar de su ser diminuto cada uno tiene su propia voz. No es la voz de la planta, no es la voz de la manada, ni del racimo, es la propia voz, diferente para cada uno.
Dicen que los granos ante ese descubrimiento pueden sentir un intenso temor y es frecuente que pugnen por volver a la tierra para volver a ser planta y multitud. Algunos pocos, se atreven a cantar y entonan letanías y dulces canciones, se vuelven artistas.
Pero aun falta un gran paso que solo cada grano es capaz de dar. Por su propia voluntad y no por la de sus amos, el grano de arroz emprende el camino rumbo al molino. Sabe que la molienda es el fin de su ya casi insignificante existencia. No obstante eligen felices y sin ostentación su destino. Ser menos que un granito. Volverse harina, polvo, nada.
Se desata una tempestad, un increíble viento. La harina vuela lejos a todos lados, a ningún lugar. Se ha vuelto nada, se esparce en todo, es el fin de la jornada.

RECETA KHITCHREE

Para 6 personas
Ingredientes:
2 tazas de arroz largo crudo
1 taza de lentejas rojas o naranjas
4 tazas de agua (añadir más si resulta necesario)

Cortar en tiras los siguentes ingredientes:
1 cebolla grande  ¾ de taza
1 pedazo de jengibre fresco y pelado largo 2 dedos
4 dientes de ajos gorditos
¼ de taza de menta fresca
4 pizcas de cúrcuma en polvo
1/2 cucharita de semillas de comino
1 y ½ cucharitas de ghee o de manteca
3 cucharitas de sal (a gusto personal)

Cortar y pisar:
4 cm de canela
3 clavos de olor
3 cardamomos
12 granos de pimienta negra
2 cebollas medianas cortadas al medio y cortada en el sentido largo
2 cucharitas de aceite (para saltear la cebolla)

Preparación:

Pasar por abundante agua el arroz y el dal (lentejas), frotar el dal entre las manos.
Poner el arroz y el dal (lentejas), en agua con la cebolla cortada, el jengibre, el ajo y la menta. Añadir la cúrcuma, el comino, 1 cuchara de ghee o manteca, sal y las especias pisadas. Tapar la ollas y llevar a ebullición, mezclar bien y volver a tapar. Cocinar hasta que se formen pequeños agujeros en la superficie y no haya más agua visible. Bajar el fuego y poner en los agujeritos media cucharita de ghee. Cubrir y dejar reposar el khitchree, revolviendo de vez en cuando, hasta que el arroz sea tierno. Si el arroz no esta cocido y se terminó el agua añadir un poco de agua caliente arriba del arroz y dejarlo reposar.
Saltear la cebolla que habiamos cortado hasta que se dore, y ponerla arriba del khitchree al momento de servir.

La Apuesta



No te aferres a la comodidad que te encierra, deja tu casa, hay Uno que te espera
La lluvia cae, es fina, deja tu paraguas, sigue caminando, la lluvia no moja, ilumina
En este viaje nos atrapa la distancia, confundimos movimiento con sabiduría 
Apúrate, sacia tu hambre, pobre o poderoso, cada uno tiene un boleto para la ida 
Disfruta de tu vida, ejerce tus talentos, busca la balanza entre el corazón y la mente 
Hay plegarias y desasosiegos, en Su venida la creación cobra total sentido 
El agua de los deseos forma una burbuja de colores y da vida a la experiencia
Tienes libertad y así será hasta que pierdas todo y dejes de lado la reticencia 
Cada vez que pierdas redobla tu apuesta, coloca todas tus posesiones sobre la mesa 
Debes ser temerario, de algo puedes estar seguro, la última partida la ganarás tú 
Los encuentros son anticipados pero breves, y nuestra búsqueda sigue incesante
Él es muy paciente pero debes estar alerta, Su atracción es fatal, y luego despiertas
Mejor volverse un granito de polvo a los pies del Maestro, nuestra es la elección 
No habrá más sueños de contiendas, victorias ni derrotas, Su templo será el corazón.
José Henriques

San Francisco de Asís

  Francisco fue un hombre admirable por diversas razones.
  Era modesto y ecuánime, su presencia transmitía la paz que solo emana de los piadosos y justos.
  Era un extraordinario poeta, las bellas canciones que cantaba al sol, al agua y al viento ponían alas en los corazones de quienes las oían.
  Vestía como una persona sumida en la pobreza, con un atuendo muy sencillo que era siempre el mismo.      
  Cuando caminaba bastaba con ver su imagen para recordar la futilidad de este mundo y la necesidad que toda alma tiene de vivir en el otro. El crujir de sus sandalias en el polvo, era capaz de contagiar a los peregrinos de un intenso y ardiente anhelo. 

Francisco hablaba con todos los seres de la creación: con hombres y mujeres, con los animales, los árboles, el viento, las montañas… cada ser le traía la voz de Dios y Francisco, la obedecía.
  Pero ninguna de estas cosas hizo de Francisco el extraordinario hombre que fue: ni la modestia, ni la piedad, ni la justicia, ni la poesía, ni la pobreza, ni la obediencia.
  Él examinaba su propia vida y se quitaba todo mérito, decía haber hecho lo único que podía hacer, como si no hubieran existido otras opciones a su alcance. Lo que me sucedió fue que me enamoré locamente de Jesús, repetía una y otra vez Francisco.
  Cuando un hombre se enamora de ese modo, no puede comer, no puede dormir y ya no encuentra sabor en nada que no sea la compañía de su Amado.
  Piensen en una arrebatadora experiencia de amor aunque se trate de amor humano. Al menos durante un tiempo uno no puede salirse del éxtasis, la compañía del ser amado lo es todo y solo se busca su complacencia. El enamorado se olvida por completo de sí mismo y es y existe solo por y en el ser amado.
  Francisco no solo se había enamorado con una inusitada vehemencia sino que además había elegido con mucha valentía a su Amado.
  Había elegido como su Amado a aquel cuya belleza nunca mengua. A aquel cuyos ojos son luz que destruye toda falsedad. A aquel cuya compasión es un río de fuego. A aquel cuya sonrisa dio origen a este mundo y al próximo.
  Francisco se dejó arrasar por ese amor hasta perderse. Y ya no supo nada más de sí. Vivía solo para escuchar la voz de su Amado y para intentar complacerlo. Francisco ya no existía como algo separado de su Amado.
  Cuentan que estremecido por la determinación y la sinceridad de este amante, el propio Dios dijo: Si me aman como San Francisco amó a Jesús, entonces no sólo Me realizarán, sino que Me complacerán.

Shams y Rumi, el encuentro


Dos hombres eran amigos del mismo Amigo. A pesar la enorme intimidad y del estrecho vínculo de lealtad y confianza que ambos forjaban con el mismo Amigo desconocían por completo la existencia del otro.
Era extraño que no se conocieran porque los amigos del Amigo compartían un mismo oficio. Eran poetas, verdaderos artistas inspirados. Escribían animados por el mismo propósito, complacer a su Amigo.
La distancia entre estos amigos era irreal, no podía sostenerse demasiado tiempo, sólo el necesario para que la urgencia de la sed no se saciara y continuara quemando en forma de poesía. El fuego crecía en la separación y las palabras  más y más ardientes consumian por dentro a cada uno de los poetas. Recién cuando las plumas se detuvieron y las palabras encendidas dieron paso a la intimidad del silencio... el encuentro tuvo lugar.
Dos hombres frente a frente, dos amigos, dos hermanos. Abrieron los brazos anticipando la unión, sonriendo de satisfacción al reconocer en este nuevo amigo el rostro de aquél antiguo Amigo al que los dos habían amado. 





Shams vivió vagando de una ciudad a otra como un mendigo, ocultando de ese modo su santidad... A pesar de contar con todo el conomimiento y la más grande sabiduría, algo faltaba en su vida...




 "A causa de la pena, mi corazón se ha convertido en morada del llanto. Y buscándote a Ti, lo abandoné todo. Mi corazón no deja de mirar hacia arriba en busca del Amigo. Dónde, dónde estás?"





Rumi era un hombre reconocido y respetado. Daba conferencias y tenía sus propios discípulos que lo reconocían como maestro. Era ya un gran poeta y su fama se extendía más allá de los confines de Persia. Pero a pesar de todo eso, su corazón no experimentaba la plenitud, se sentía separado de su destino...




"Escucha el ney, escucha su noble voz , que se lamenta tristemente de la separación. Yo quiero un pecho desgarrado por la separación, para poder hablarle del dolor del anhelo. Todo el que se ha lejado de su origen, añora aquellos días de unión."




"Me preguntas cómo estoy? Mírame cómo estoy: fuera de mí, arruidado, ebrio por la locura. Bajo el mando de imágenes de este cuerpo, no soy más que una fantasía, como el viento o el agua. En Tu separación, yo soporto la carga de este mundo."






"Cuando, al anochecer, cada uno enciende su lámpar y extiende su mantel, me quedo a solas con el recuerdo de mi Amado, con pena, lágrimas y llanto. Con mis lágrimas hago mi ablución y mi oración se vuelve ardiente. Y cuando llega a mi mezquita el canto de mi rezo, quema la puerta con sus llamas. ¡Que extraña es la plegaria de los ebrios! ¿acaso es aceptable? esa plegaria no respeta los tiempos y no conoce sitio alguno. ¿Cómo puedo llamar, sin corazón ni manos a la puerta de Dios? ¡ Señor, señor! si me robaste el corazón, y manos, dame, dame refugio"




 "Hoy amado Sol, ya no somos capaces de distinguir “yo” de “tú”
Tu amor nos ha embriagado y al hacerlo nos ha librado del dominio de la mente,
ya nada sabemos sino de la demencia y la locura.
En el jardín no vemos nada, salvo la cara del Amigo.
Me convertí en ti y tú te convertiste en mí. 
Me convertí en carne y tú te convertiste en alma."

  
"Tanto he pensado en Ti, que mi ser cambió a Tu Ser.
Paso a paso Te acercaste a mí, poco a poco me alejé de mí.
Desde que he oído la palabra Amor he posado mi vida, mi corazón,
y mis ojos en ese camino.
Acostumbraba a pensar que el Amor y el Amado eran diferentes.
Ahora ya sé que son Uno y lo mismo."

Krishna y el amor de sus amantes

Narada era uno de los más cercanos discípulos de Krishna. Se cuenta que cierta noche, se dirigió hacia su habitación para darle un mensaje cuando fue detenido por el sereno que le impidió el acceso, diciéndole que el Señor Krishna se había retirado a rezar y que había pedido no ser interrumpido por nadie.
Narada sorprendido replicó: “¿Rezar? ¿Mi Señor está rezando? ¿Cómo puede ser eso? ¿A quién reza Él? ¿Quién puede haber más grande que Krishna si Él es ni más ni menos que el Avatar, Dios mismo que ha venido a la tierra?” Narada se enfureció y acusó al sereno de blasfemia.
Pero el sereno insistió en que Narada no interfiriera, diciéndole: “Lo único que te estoy diciendo es lo que Él me dijo. Me dijo que quería rezar y que no debía permitir que persona alguna entrara porque no quería que lo molestaran mientras estuviera rezando”. Narada no pudo hacer otra cosa que esperar mientras por su cabeza pasaban pensamientos confusos, Krishna lo había engañado? Si Krishna realmente estaba rezando a alguien eso quería significar que existía alguien superior a él con lo cual él no podía ser Dios.


Más o menos al cabo de media hora, Krishna salió de su habitación y vio a Narada que lo estaba esperando afuera, junto a la puerta. Saludó cariñosamente a Narada, pero éste estaba tan inquieto que le un saludo bastante frío. “¿Qué te ocurre?”, le preguntó Krishna. “Pareces disgustado.” Narada estaba tan disgustado que, de hecho, había olvidado completamente el mensaje que tenía que entregar, y le dijo: “El sereno dijo que Tú estabas rezando”.
“Sí, es así,” afirmó Krishna. “¿Pero cómo puede ser eso posible a quien le rezas tú?,” le preguntó Narada. Krishna rió: “¿En verdad quieres ver a quién le rezo? Ven conmigo”. Y Krishna condujo a Narada hasta su cuarto de oración. “Aquí tienes, aquí está Mi Dios,” le dijo Krishna.
¿Y qué fue lo que Narada vió? Vio figuritas y pequeñas imágenes de los discípulos de Krishna. Había una figurita de Narada, de Arjuna y de cada uno todos los allegados. “Estos son los seres a los que rezo,” le explicó Krishna. “Rezo a Mis amantes. Mira, todo el propósito de la Creación consistió en que Mi amor fluyera. Yo amo eternamente a mi Creación, pero nazco periódicamente para recibir el amor de Mis amantes. Mis amantes me adoran y yo adoro el amor de ellos hacia Mí.”

Condicionamientos

Una caravana que iba por el desierto se detuvo cuando empezaba a caer la noche.
Un muchacho, encargado de atar a los camellos, se dirigió al guía y le dijo:
-Señor, tenemos un problema. Hay que atar a veinte camellos y sólo tengo diecinueve cuerdas. ¿Qué hago?
-Bueno -dijo el guía-, en realidad los camellos no son muy lúcidos. Ve donde está el camello sin cuerda y haz como que lo atas. El se va a creer que lo estás atando y se va a quedar quieto.
El muchacho así lo hizo. A la mañana siguiente, cuando la caravana se puso en marcha, todos los camellos avanzaron en fila. Todos menos uno.
-Señor, hay un camello que no sigue a la caravana.
-¿Es el que no ataste ayer porque no tenías soga?
-Sí ¿cómo lo sabe?
-No importa. Ve y haz como que lo desatas, si no va a creer que sigue atado. Y si lo sigue creyendo no caminará.
La realidad no nos impone los límites, nuestros propios condicionamientos lo hacen.

El Espejo

" El hombre se miró en el espejo de la creación y su hambre fue atroz
Comió de todo y continuamente, pero no pudo apaciguarla

La desesperación era aguda, para mitigarla creó el olvido
Se enamoró de casas, velocidad, paisaje y otros seres queridos

Nuestros ojos perdieron su agudeza, sólo pueden mirar lo opaco
El brillo de la Verdad es demasiado fuerte, puede cegarlos

Muy cerca tuyo hay una puerta cerrada, del otro lado hay una puerta
Oh peregrino atrévete, deja que el corazón entre, él es muy discreto"

José Henriques

Durga


Así como el blanco, el azul, el amarillo y todos los colores desaparecen en el negro, del mismo modo todos los seres, a su tiempo, entran en Durga.
Ante su presencia las almas se estremecen y comprenden.

Ella está libre del tiempo y del espacio,es inmortal, y fulgura con más intensidad que el mismísimo sol.
Durga observa y con sus brazos de guerrero antiguo devora toda pretensión. Ella protege a aquellos en peligro y los dirige, tiernamente, hacia su destino. 

La joya en su pecho es la certeza que 
 disipa todos los miedos. Durga bendice a cada uno de sus amantes según su necesidad.
Ella contiene el universo entero, sentada en un loto rojo posee todos los tesoros de Kala que, ebrio del vino, juega con el universo entre sus dedos.

Visitamos la Mezquita del Shah

      De viaje por la República de Irán, en los territorios de lo que fue la antigua Persia, recuerdo una visita a la monumental mezquita del Shah ubicada en la ciudad de Isfahán.
  La cúpula azulada y los grandes minaretes que la presiden, albergan buena parte de lo más refinado y sutil del arte islámico.
  El primer día no me atreví a entrar, recorrí el cuidado parque que circunda al templo y obtuve cuanta foto pude buscando retener la belleza arquitectónica que tenía ante mis ojos. Me dediqué también a observar en detalle el modo en que las personas que entraban a la mezquita, vestían.
   Al segundo día me procuré la vestimenta adecuada e ingresé al templo. No sabía cómo comportarme, así que me pareció respetuoso imitar lo que las otras personas hacían. El modo de caminar, el silencio que observaban, los lugares en que se detenían y la forma en que rezaban. 
   Estuve un buen rato y al salir un hombre que ofrecía a la venta imágenes y recuerdos de la mezquita me dijo: -Lo noté allí dentro muy preocupado por hacer lo mismo que los demás hacían; por reproducir prolijamente cada gesto. 
   -Ciertamente, le respondí creyendo que se trataba de un elogio. -Me pareció lo más respetuoso dado que soy un hombre que está de paso y no conozco las costumbres de este lugar. Así que me tome un tiempo para observar y repetir lo mejor que pude aquello que había observado hacer a otros.
   El hombre se puso bastante serio. Me dijo que no dudaba de mis buenas intenciones pero que aquello que yo juzgaba estimable, tal vez no lo fuera tanto.
    Me dijo: -Este lugar es una casa de oración antes que un bello edificio. Y eso es mucho más que un simple escenario en el que se ensayan y repiten gestos.
   -Usted no tiene necesidad de imitar a nadie. Puede hacerlo, claro que puede hacerlo, cientos de miles lo hacen cada día y no aquí sino a lo largo y ancho de todo el mundo, muchos quieren vivir la misma vida, copiar el éxito de los otros. Pero a la hora de la plegaria, el asunto es diferente. No es imitando una pose o un conjunto de gestos o palabras que se logra entrar en contacto con la Verdad-
        Después de decirme esto me transmitió las palabras que a continuación les diré y que aún hoy conservo anotadas en un arrugado folleto de la mezquita que era el único soporte que tenía a mano.

 Mirándome a los ojos y haciendo un visible esfuerzo por recordar con precisión cada palabra ya que según me refirió no eran sus palabras sino las palabras de su maestro, me dijo: -La plegaria que Dios escucha es la plegaria del corazón. 



 Que se eleva desde el corazón y que lleva el sufrimiento del corazón, esa es la voz a la que Dios le presta atención.
-Es mejor no adorarlo si no puedes hacerlo con tu corazón puesto en ello.
 Dios no escucha el lenguaje de la lengua o el de la mente. Él responde solo al lenguaje del corazón.

El lenguaje del corazón es la canción de Amor para el Amado. Y el Amado sólo puede ser encontrado en ti, ya que Su única morada es el corazón.

Levedad


Rápidos como el agua del río o el viento del desierto, 
nuestros días huyen.
Hay dos días, sin embargo, que me dejan indiferente:
el que se fué ayer y el que llegará mañana.
Omar Kahayyâm

Humor


Dijo un maestro a su discípulo recién llegado: Cuando tomaste la forma humana te olvidaste de todo, incluso de reír y de cantar. Te cubriste con el manto de la razón y la mente se hizo tu reina y soberana. Arriaste banderas de hielo y saliste a conquistar el mundo y juzgaste tu propio valor por las posesiones acumuladas en esa empresa. Ahora el hielo amenaza tu corazón, perdiste la alegría y no encuentras sosiego, por eso has venido.


El discípulo, conmovido, rompió en llanto. Cuando se recuperó fue preso de una sincera alegría. Mirando al maestro a los ojos le dijo: -Cómo pudo saber mi historia si ni siquiera me conoce? El maestro le contestó que su historia era la historia de todos los que llegaban a su puerta.

La consciencia de nuestra propia finitud, debería bastar para que no pudiéramos reírnos de nada. Si a eso agregamos que venimos a este mundo a buscar la felicidad y que la felicidad siempre nos elude, el panorama se torna aun más dramático. Hay felicidad sí, pero son instantes, momentos que se escurren y que nunca dan forma a algo definitivo o permanente.

Por eso es que a veces me cuesta entender de qué se ríen estos tipos en la India. Estoy en Bombay. Aquí viven alrededor de 14 millones de personas, sí 14 millones de personas en su mayoría en condiciones de pobreza extrema.

Me pueden explicar de que se ríe el tipo de la foto. Le faltan más dientes de los que tiene, anda descalzo y la ropa digamos que no impresiona precisamente como un canto a la elegancia, de qué se puede reír. Me produce cierta admiración pero la verdad es que me puede más la bronca y el fastidio, no lo entiendo.

En realidad puedo entenderlo pero, si lo intento, la situación me pone frente a un incómodo espejo. Si la felicidad reside en tener, la batalla estará siempre perdida pues incluso aquello que más estimamos, nuestra propia vida, está destinado a perderse. El juego de acrecentar y poseer termina en el palacio de la soledad y la pérdida de sentido.

Los maestros del oriente suelen decir que el verdadero conocimiento consiste en saber que no hay nada que conocer. Que la felicidad es alcanzar algo que nunca se perdió y que solamente está cubierto por nuestra propia ignorancia, no tenemos que aprender nada más, sólo despojarnos de las capas y capas de ignorancia con que nosotros mismos nos hemos cubierto.

Lo único que vale la pena tener ya es nuestro: esta vida y la oportunidad de volvernos artistas. Seguir el pulso de la inspiración y volver nuestra mirada, sonriente, hacia el Sol.

Senderos


Fui a rezar con los devotos, y no me sentí en mi sitio. Fui con los que se mortifican... con los que ayunan, y tampoco me sentí en mi sitio. Dije: "¡Oh Dios mío! ¿Cuál es entonces el camino hacia ti? Y la respuesta que me dio fue: "Abandónate y ven".-
Bâyazîd

Jadiya


Luego de haber recibido la primera manifestación de la Revelación de parte de Gabriel, el Profeta Muhammad regresó a su casa como pudo: conmocionado, agitado, casi arrastrándose, la frente cubierta de sudor y a la vez con frío, mucho frío; parecía un niño asustado. -Arrópame Jadiya, arrópame. Era la súplica del Profeta.

Fue el abrazo de Jadiya lo que le permitió recobrar lentamente el sentido. Sus suaves caricias, su voz tenue, lo iban trayendo de a poco de regreso... Ella lo instó a que no dudara y creyó en él. Para ella bastaba como todo testimonio de la Verdad ese par de ojos perfectos y ese cuerpo tembloroso y frágil que sus brazos sostenían.

El Profeta parecía en ese momento débil y plagado de dudas, temía estar enloqueciendo. Al tiempo Dios le dijo que si el mensaje que él recibió hubiera sido revelado sobre una montaña, la montaña habría sido aplastada. El Profeta era más fuerte que una montaña.

La aparente fragilidad, los temores y dudas, son solo escenas en un guión perfecto que más allá del tiempo se ha escrito. Su actuación es siempre magnífica. Él no necesita de nada, no duda ni teme. Sin embargo durante su vida en la tierra, cada uno de sus gestos encierra un regalo. El Profeta era más fuerte que una montaña y a pesar de ello eligió actuar esas dudas, eligió mostrarse necesitado de Jadiya, para que muchos otros después de él revivan ese gesto de infinita humildad y comprendan.

No hay dualidad en el mundo del amor. El más Alto es a la vez el más necesitado, el más fuerte puede ser al mismo tiempo el más débil... No es que algo se haya transformado, ni que el Profeta haya perdido a fuerza de confusión sus certezas, no. Simplemente ha ingresado en el territorio de la más absoluta intimidad. El refugio tibio de un hogar, un manto con el cual arroparse y un hombre y una mujer que frente a Dios son uno. El Profeta no necesitaba de esa escena, pero nosotros sí.

En ese espacio de absoluta intimidad solo cabe la unidad. No existe el tuyo ni el mío, no hay alguien que de y otro que reciba, uno que sostenga y otro que descanse, ni avance ni retroceso. No hay dos, no puede haber dos, sino Uno.
Qué regalo inmenso el del Amado Profeta, antes del final de los finales, puede que por su gracia suceda, que en la intimidad de un amor así a un hombre se le conceda la vislumbre de una chispa de la experiencia de Dios en la tierra.  

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