Rabindranath Tagore y la enseñanza

Se supone que quien decide dirigir un proyecto de enseñanza, se reconoce a sí mismo como alguien que SABE.
Aquel que SABE registra una necesidad en otros que NO SABEN y se decide a compartir o dar aquello que conoce con quienes lo precisan.
Nada de esto sirve para reflejar la posición que Rabindranath Tagore asumió al ponerse al frente de la escuela que fundó en Santiniketan, India. La experiencia pedagógica montada por el poeta en el año 1901, incorporó variables que hasta entonces se consideraban ajenas a una buena educación: el contacto con la naturaleza, la libertad en la búsqueda del conocimiento, el respeto por los tiempos de cada uno y la desaparición de las fronteras entre estudiantes y docentes.
Tan lejos llevó Tagore esta última idea que él mismo fue un alumno más en su propia escuela: El director era, a la vez, el más modesto de los alumnos.
Solo un poeta puede generar semejante confusión de roles y lograr que en lugar de traducirse ello en desconcierto y caos, lo haga en belleza y creatividad.
Tagore era un hombre sencillo y sincero que puso su propia búsqueda interna, su propia necesidad de conocimiento y de verdad en esa escuela.
La escuela no fue así sino una excusa, un escenario posible en el cual encauzar esa búsqueda en medio de un grupo de personas tan sensibles y osadas como él, que jugaban ajustadamente los roles de docentes, auxiliares, directivos y alumnos. Toda una gran escenografía; un gran teatro en el que el dueño de la sala era el último de los empleados y a la vez el primer buscador, en esa escuela para buscadores.
Tagore se enfrentó a la paradoja de que por un lado en las construcciones colectivas todo se fortalece y florece, y que por el otro toda búsqueda tiene en última instancia sus tramos de camino único, solitario y personal. Por eso comprendió que el mejor maestro no es aquél que más conoce, sino aquel que tiene más capacidad para incitar al otro a la búsqueda del conocimiento. El conocimiento no puede ser implantado o transmitido, pero el amor del maestro puede encender corazones hasta que sientan hambre y sed de verdad.
El maestro es quien sin brindar soluciones o respuestas, consigue despertar preguntas. Hacer que quienes comparten su compañía sientan necesidad de conocer y busquen ellos mismos el conocimiento; a su forma, con sus tiempos.
El maestro no es el aquel que viene a enseñar, sino simplemente a despertar.

1 comentario:

Publicar un comentario

Seguidores