Humor


Dijo un maestro a su discípulo recién llegado: Cuando tomaste la forma humana te olvidaste de todo, incluso de reír y de cantar. Te cubriste con el manto de la razón y la mente se hizo tu reina y soberana. Arriaste banderas de hielo y saliste a conquistar el mundo y juzgaste tu propio valor por las posesiones acumuladas en esa empresa. Ahora el hielo amenaza tu corazón, perdiste la alegría y no encuentras sosiego, por eso has venido.


El discípulo, conmovido, rompió en llanto. Cuando se recuperó fue preso de una sincera alegría. Mirando al maestro a los ojos le dijo: -Cómo pudo saber mi historia si ni siquiera me conoce? El maestro le contestó que su historia era la historia de todos los que llegaban a su puerta.

La consciencia de nuestra propia finitud, debería bastar para que no pudiéramos reírnos de nada. Si a eso agregamos que venimos a este mundo a buscar la felicidad y que la felicidad siempre nos elude, el panorama se torna aun más dramático. Hay felicidad sí, pero son instantes, momentos que se escurren y que nunca dan forma a algo definitivo o permanente.

Por eso es que a veces me cuesta entender de qué se ríen estos tipos en la India. Estoy en Bombay. Aquí viven alrededor de 14 millones de personas, sí 14 millones de personas en su mayoría en condiciones de pobreza extrema.

Me pueden explicar de que se ríe el tipo de la foto. Le faltan más dientes de los que tiene, anda descalzo y la ropa digamos que no impresiona precisamente como un canto a la elegancia, de qué se puede reír. Me produce cierta admiración pero la verdad es que me puede más la bronca y el fastidio, no lo entiendo.

En realidad puedo entenderlo pero, si lo intento, la situación me pone frente a un incómodo espejo. Si la felicidad reside en tener, la batalla estará siempre perdida pues incluso aquello que más estimamos, nuestra propia vida, está destinado a perderse. El juego de acrecentar y poseer termina en el palacio de la soledad y la pérdida de sentido.

Los maestros del oriente suelen decir que el verdadero conocimiento consiste en saber que no hay nada que conocer. Que la felicidad es alcanzar algo que nunca se perdió y que solamente está cubierto por nuestra propia ignorancia, no tenemos que aprender nada más, sólo despojarnos de las capas y capas de ignorancia con que nosotros mismos nos hemos cubierto.

Lo único que vale la pena tener ya es nuestro: esta vida y la oportunidad de volvernos artistas. Seguir el pulso de la inspiración y volver nuestra mirada, sonriente, hacia el Sol.

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