Diwali, festival de la luz



Cada uno de los festivales de India  tiene una razón o una significación detrás de su celebración. Diwali el festival de la luz no es una excepción. Se celebra en toda la India. Y aunque la manera que se celebra en las diferentes regiones es distinta la razón detrás de estas celebraciones es la misma.

El festival de Diwali celebra el regreso del Señor Rama a su reino de Ayodhya después de derrotar a Ravana, el gobernante de Lanka en la épica historia de Ramayana.   Fue recibido por las personas que encendieron velas y pequeñas lámparas de aceite para celebrar su regreso.   


El Diwali tiene muchas historias y relatos. Las luces se encienden para significar el deseo de apartar la oscuridad y la ignorancia, así como despertar la luz dentro de nosotros mismos.

 




Para la filosofía hindú existe más allá del cuerpo físico y la mente, algo puro, infinito y eterno, llamado Atman  Así como celebramos el nacimiento de nuestro ser físico, Diwali es la celebración de esta luz. Simboliza el despertar de la persona a su propia naturaleza, no como un cuerpo, sino en su realidad más íntima.   





Cuevas de Ellora y el arte de cavar


Visitar el complejo de Ellora produce una sensación absolutamente singular. Muy diferente de la que tiene lugar al asistir a otras de las grandes obras de la arquitectura de la antigüedad o de la era moderna. 

La gran pirámide egipcia de Guiza, Machu Pichu en Perú, la basílica de San Pedro en el Vaticano, el Coliseo Romano o el Empire State en los EEUU, son todas fastuosas empresas en las que el hombre ha puesto de resalto su lugar de preeminencia en el mundo.

Están allí para demostrar que fuimos capaces de conquistar la naturaleza y que nos servimos de ella junto con la ciencia para crear, y ¡vaya si hemos sido capaces de crear! Lo hemos hecho de manera majestuosa.


Las grandes obras de la arquitectura suelen ser también grandes espectáculos, un modo de exaltar lo que el ser humano puede lograr.


Además de su utilidad específica, la finalidad de cualquier edificio que se concibe como una obra maestra es la de volverse visible y destacar. Por altura, por tamaño, por complejidad, por belleza... la idea es siempre impactar, captar la atención y ser más o mejor que otras grandes obras.

Por eso es un tanto extraña la lógica de los templos de Ellora: una obra maestra que se esconde en el corazón de la montaña. Un espacio consagrado al arte hasta en los más pequeños detalles, un lugar destinado al encuentro en la intimidad, que no busca alzarse delante de nuestros ojos para impresionar sino que invita a ser descubierto. Es un tesoro oculto.
Y allí reside quizás la mayor belleza de Ellora. De la mano de esa discreción. De su real humildad. Solo quien conoce la realidad de su grandeza es capaz de vestirse de piedra y verde, para esconderse.


Los maestros talladores repiten que cada ser humano es una pequeña montaña y en el pecho de cada uno anida el tesoro oculto. No es levantando ladrillos con actitudes estridentes, juicios y llamados de atención que el tesoro oculto comienza a develarse, sino cavando lenta y pacientemente hacia adentro. Cada vez más… y otro poco… y un poco más… despacio… cada vez más… más, más y más, profundo…



Destino

La puerta de la taberna es el destino de todos los senderos.
Algunos serpentean al borde del mar y otros son directos y expresos.
Es bueno mirar hacia afuera… buscar y examinar todos y cada rastro.
Hasta encontrar las huellas de algún hombre que conduzcan hacia la puerta del Amado.
Nuestra llegada allí es el fin de todo camino.

Antiguos maestros y sabios



Antiguos maestros y sabios
tan sutiles y escuetos
como fuerzas inaprensibles.
Inaccesibles en su esencia.
Por no lograr entender
describimos lo externo de su forma.
Cautos como quien cruza un río en invierno.
Mesurados, como el que teme a sus vecinos.
Tímidos como recíen llegados a casa ajena.
Impasibles como el hielo que se funde.
Simples como el lino sin hilar.
Sombríos como el agua turbia.
¿Quién logra despejar lo turbio con el silencio?
¿Quién, como los antiguos, logra la serenidad
pausadamente?
Quien alcanza el olvido de sí mismo, se encuentra libre de anhelos.
Y sólo quien se encuentra libre de anhelos, logra la humildad,
mitiga la inquietud incipiente y alcanza lo pleno.
Lao Tse

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