Viajero

Viajero de lejanías, quien el viaje completa, quien siempre regresa
Quien acuna, quien construye ciudades y quien las quema 

Kilómetro tras cruel kilómetro, él nos atrae para poder conocerle… 
Y construirle un resguardado santuario, en una llanura sin aguas ni palacios 

En la sequía está el verdor, en lugares desolados el Amigo
Que es peregrino, el sendero y sus paradas y el final del camino.

Francis Brabazon

Pescador de hombres

No pueden imaginarse cuan ancho y profundo es el océano para un pez.
Dicen que los seres humanos llaman a esto: vastedad. Solo una palabra que es incapaz de transmitir lo que el océano es en realidad.
Pura libertad. Ser un pez nadando en el agua es la suma de toda libertad. Hoy aquí, mañana allá, aguas cristalinas o un poco de profunda oscuridad. Todo vale, lo importante es moverse, cambiar y nunca dejar de experimentar.
El océano entraña algunos pocos peligros, tiburones y algún que otro pescador. La clave es saber por dónde nadar, el océano es tan grande que siempre se puede escapar, mezclándose en el cardumen o visitando un arrecife de coral.
Dicen que hay un pescador realmente peligroso, su red produce una atracción magnética. No utiliza equipos sofisticados ni de desplaza en un buque fastuoso. Pero dicen que al sentir su presencia son los propios peces los que nadan a su encuentro y lo hacen con gozo.
Luego de oír acerca de este pescador el pez se ha propuesto evitar caer en su hechizo. Pero a la par que lo ha hecho ha tenido lugar un suceso singular. Desde que ha oído su nombre en él no ha podido dejar de pensar.
No hay día en que, aunque más no sea durante un instante, no recuerde su imaginada figura. Cómo será él? Realmente tan poderosa será su presencia? Qué tal si intentara acercarse un poco nada más, tanto como para conocerlo pero previendo de antemano una manera de escapar?
El pez jamás aceptaría ser atrapado y dicen que solo son atrapados por este gran pescador aquellos peces que lo permiten. Si fuera así el éxito de su plan estaría asegurado.
Para el pez el asunto ya era más que mera curiosidad. La imagen del pescador había comenzado a asaltarlo por igual en el sueño y en plena vigilia. Aun cuando se encontraba entretenido nadando en aguas cálidas la imagen volvía una y otra vez, los viejos placeres ya no lo contentaban. Hizo los últimos preparativos y partió en compañía de un viejo pez que dijo conocer el camino.
De pronto las aguas comenzaron a cambiar no eran cálidas, no eran frías, ni turquesas ni verdosas ni amarillas. Era algo diferente. El viejo compañero ya no estaba, el pez en nada pensaba. Había olvidado su plan las diferentes formas en que había tramado escapar y mansamente nadaba hacia el preciso lugar.
En ese instante descubrió que no era víctima de un embrujo y que aquello que aleteaba en su pecho tenía el nombre de amor y recién hoy lo había conocido. Fue por amor que el pez nadó y nadó hasta el límite de sus fuerzas, frenéticamente, desesperadamente para ir voluntariamente al encuentro de aquél que habría de pescarlo.
Fue por amor que el pez se entregó a su red. Y por amor, consintió ser pescado por aquel que todo lo es.
Pescador, red, océano y pez se descubrieron como uno solo. Por amor, el juego alcanzó su final..
 


Teatro en La Plata. "Layla y Majnun"

“Layla y Majnun”, adaptación de una leyenda tradicional persa, cuenta una historia de amor entre un hombre y una mujer cuyo destino quiso que la unión de su amor nunca fuera consumada. Aun cuando Layla se casó con otro hombre, Majnun la siguió amando profundamente, ese amor se transformó en una sed desgarradora que lo impulsó a los límites de la locura y se volvió un fuego tan intenso que lo consumió todo.  

Este amor lo conduciría finalmente a alcanzar su Verdadera Libertad: la Realización de su verdadero Yo.

El Avatar y sus caminos


Es el Viajero sin descanso, el Errante sin casa, el Vagabundo por amor, el Desterrado voluntario de su propia patria. El mismo dice que no tiene una piedra donde reposar su cabeza; y es cierto que no tiene un lecho propio donde acostarse todas las noches. Su verdadera casa es la calle que lo lleva, junto con sus primeros amigos, en busca de amigos nuevos”
Giovanni Papini

El amor entre Sita y Rama


La demostración más potente de amor es cuando el avatar viene a la tierra. La forma femenina siempre lo acompaña para satisfacer la consigna del amor que durante tanto tiempo dormitó anhelante. Sita acompañó a Rama, asi la flor más pura y bella pudo esparcir su perfume, una vez más en la 
                                                       Creación.

Los artistas de Ellora

En los comienzos el mundo era muy sencillo.
Tan solo eran el hombre y la naturaleza.
En los bosques de la India la naturaleza además de asumir la forma de la belleza, del alimento, de la sombra, también asumía la forma del peligro.
Al hombre solo le preocupaba satisfacer sus necesidades vitales y sobrevivir de los peligros. El peligro en esos bosques tenían un nombre: los animales.
Tigres, elefantes, serpientes, monos y variada cantidad de criaturas salvajes constituidas en permanente amenaza.
Un hombre pensó en construir un refugio dentro de la montaña y otros hombres lo siguieron. Un lugar donde protegerse para descansar por las noches.
Los hombres vieron que eso era bueno y cavaron la piedra más para hacer los lugares más confortables y poder pasar así más tiempo.
Y vieron que esas cuevas eran buenas y alguien comenzó a tramar un plan para defenderse de los animales y se le ocurrió por primera vez dibujarlo en la piedra.
Un hombre con una lanza defendiéndose del ataque de un tigre representados de modo rudimentario.
Y vieron que esos dibujos además de útiles eran bellos que podía dibujarse cualquier cosa y llenaron las cuevas de dibujos hasta en los techos.
Muchos años después esos mismos hombres primitivos, su linaje, transformaría esa práctica en verdadero arte.
Lo que surgió como una necesidad defensiva y de conservación, se transformó con el correr de los años en algo mucho más refinado.
En Ellora, ese mismo espacio escondido dentro de la tierra alcanzó una inusitada magnitud al convertirse en una magnífica obra de arte secreta.
Mujeres y hombres tenemos esa capacidad desde el principio de los tiempos: partir de algo esencial, casi grosero, y a través del pulimiento y el perfeccionamieno transmutarlo en un arte excelso.
Las mismas cuevas que el hombre construyó para escaparse son las que, años después, construirían los artesanos de Ellora para encontrarse.

Los que nada esperan


Tal vez algún día te llegue el cansancio, entonces únete a los caballeros que nada esperan
Debes estar preparado para dejar todo, en este nuevo viaje no hay cabida  para quimeras
Ganarás otras cosas, habrá silencio en tu corazón y  tus ojos se volverán brillantes
Verás a Dios en cada ser humano,  jugando todos los roles, amado y amante
Si tan sólo Él existe, dónde está tu doncella, dónde están tus parientes y amigos

Algo te queda todavía, tu individualidad úsala para complacerlo, que sea ese tu destino
José Henriques

La Danza de la Creación. Teatro en La Plata



¿Qué rol juega el amor en el juego de la Creación? ¿De dónde 
proviene la inspiración de nosotros, los seres humanos? Acaso 
puede la mente exigirle al corazón qué canción cantar al Amado… 


Un peregrino errante en su recorrido busca respuestas al 
anhelo de su corazón. Sus pies polvorientos ya no saben dónde 
caminar. Él espera día y noche con guirnaldas y canciones a que 
su corazón se exprese, y así volverse Uno con el Amado. 



La danza de la Creación es la obra de teatro donde el juego 
entre amante y Amado se expresa. En esta danza el amor se 
esparce continuamente. El Amado se muestra y se esconde.
Él se disfraza dando vislumbres de cómo es en realidad. 

¡Oh amante qué afortunado eres, un día Él llenará tu copa 
y entonces no pararás de danzar! 


Libre

Seré libre-sin dicha ni desdicha-, como el viento
que es la vida del aire que no es nada.
El odio y el amor iguales nos buscan; ambos
cada uno con su modo, nos oprimen. A quien los
dioses conceden nada, tiene libertad.
Que los dioses me concedan que , desnudo
De apegos, tenga la fría libertad
De las cumbres sin nada.
Quien quiere poco tiene todo; quien quiere nada
Es libre, quien no tiene, y no desea,
Siendo hombre, es igual a los dioses.
Fernando Pessoa

Cielo y Tierra

Dado que, con una fugaz mirada el Amado dio luz a todos los ojos
¿Por qué cavar en la oscura tierra o buscar el paraíso en el negro espacio?

 El Amado Dios-Hombre ha envuelto lo Real en un velo de silencio
Aún el más bajo de los cielos no puede ser tomado con violencia

Pregunta cómo llegar al Camino de los Amantes y entra con suave paso
Cuando alcances su puerta no golpees, permanece de pie arraigado

Hasta que Él te llame y pregunte amablemente tu nombre y tu dirección
Entonces ofrécele tus ojos como flores y tus labios como canción.

Francis Brabazon

La voluntad y el destino


Celebremos la fuerza más poderosa del mundo.
Son muchos los que creen que nada ha sido jamás logrado sino por su intermedio.
Gracias a ella la humanidad ha conocido el progreso. Es a través de ella que levantamos edificios, que fundamos universidades, que fuimos capaces de conocer el lejano espacio. Es la energía vital que permite que un hombre, con el único insumo de su propio esfuerzo, se convierta en aquello que siempre ha soñado: un atleta, un actor famoso, un científico o un gobernante acaso.
Esa fuerza poderosa es la fuerza de voluntad del hombre, que se expresa con vehemencia sobre todo lo creado.
Su omnipotencia es tal que permite al hombre sortear cualquier límite.
O casi cualquier límite.
Cuando el hombre sucumbe al hechizo de su propia grandeza, de su propio poder, habrá para él un límite muy difícil de sortear: el de su propia ceguera.
Tan poderoso se siente el hombre cabalgando sobre su fuerza de voluntad que puede caer en el error de pensar que en el mundo solo se realizará lo que él quiera y se proponga.
Perderá de vista que existe otra voluntad, más sutil y más secreta que a teje en silencio la trama con una infinita madeja.

La fuerza de voluntad del hombre es una provechosa herramienta con la que fuimos beneficiados. Aunque su poder suele ser frecuentemente sobreestimado.
La omnipotencia de la voluntad no podrá jamás pintar con el color exacto un amanecer.
No puede hacer que las estaciones se suceden y se multipliquen en perfumes.
No podrá lograr jamás una caricia como la del viento, ni la música salada de un mar embravecido.

Pero no es fácil para un hombre rendirse. Algo en él sabe que no es su deseo el que mueve el mundo Pero aun así le puede ser doloroso aceptarlo.

Algunos maestros y santos del oriente recorren el camino contrario.
No cultivan su propio poder y así se vuelven poderosos.
No procuran alcanzar el conocimiento y así se vuelven sabios.
No intentan construir su futuro y así su destino se consuma exacto.

Humildes. Pequeños. Casi inexistentes como un modesto granito de polvo. Ellos dicen a todos los hombres:

Tenemos la capacidad de volvernos un granito de polvo a los pies del Maestro
Si afinamos nuestra garganta y nos volvemos cantores, Él hará el resto

Dar en el blanco


"Vivimos en un mundo de dualidad donde tanto experimentar trae cansancio
Pasamos nuestros días tomando puntería y no damos en el blanco
La flecha de la verdad cuando es disparada consume todo en su trayecto
Su brillo y fulgor es tal que vuelve cenizas todo el resto"
José Henriques

El bosque

La mirada de la voluntad es impura y ardiente.
El alma de las cosas, la belleza, sólo se nos revela cuando no codiciamos nada, cuando nuestra mirada es
pura contemplación.
Si miro un bosque que pretendo comprar, arrendar, talar, usar como coto de caza o gravar con una hipoteca, no es el bosque lo que veo, sino solamente su relación con mi voluntad, con mis planes y preocupaciones, con mi bolsillo. En ese caso el bosque es madera, es joven o viejo, está sano o enfermo.
Por el contrario, si no quiero nada de él, contemplo su verde espesura con "la mente en blanco" y entonces sí que es un bosque, naturaleza y vegetación; y hermoso.
Lo mismo ocurre con los hombres y sus semblantes. El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es sólo un turbio reflejo de mi voluntad.
En el momento en el que la voluntad descansa y surge la contemplación, el simple ver y entregarse, todo cambia. El hombre deja de ser útil o peligroso, interesante o aburrido, amable o grosero, fuerte o débil. Se convierte en naturaleza; es hermoso y notable como todas las cosas sobre las que se detiene la contemplación, porque contemplación no es examen ni crítica, sólo es amor. 

El Maestro adentro


De dónde viene esa familiaridad entre los discípulos y maestros del Oriente. Cuando el Maestro es el maestro del hogar, el maestro familiar a través de generaciones, la respuesta parece sencilla: siempre ha estado ahí y se lo acepta y considera como uno más.
Distinto cuando es el propio aspirante quien encuentra o descubre a su Maestro.
Cuando esto sucede, cuando la persona en determinado momento de la vida se encuentra con un hombre de conocimiento y sabe con la certeza de su corazón que ese es SU maestro, es habitual que tenga lugar un embelasamiento.
El aspirante se enamora del maestro, lo eleva en su consideración con el auxilio de su propia imaginación, con la proyección de sus propios deseos, colocando en el Maestro todas aquellas cualidades extraordinarias que siempre ansió encontrar en otro.
 A semejanza de lo que ocurre con el amor de pareja, cuando ese enamoramiento inicial se eclipsa, sobreviene un descubrimiento. Allí el discípulo se encuentra con la humanidad del Maestro. Es como si corriera un velo y el maestro imaginado y soñado le cediera el paso al maestro real.
Recién en este punto puede decirse que la relación entre discípulo y maestro ha comenzado.
Podrá creerse que el despertar de ese enamoramiento ha de ser doloroso para el discípulo, sin embargo sucede todo lo contrario. Ese maestro idílico y soñado, era también un maestro lejano. Casi como un ser de otro mundo con el cual es ciertamente difícil sentir cercanía, familiaridad y amor.
Cuando el maestro sin dejar de ser un sabio y un guía, se convierte también en un hombre, el discípulo descubre que el maestro es además un ser al que puede amar.
Pensemos en el caso más conocido para nosotros en occidente: Jesús y sus discípulos. Ellos seguían a un hombre, lo amaban y compartían todo con él: caminaban los mismos caminos, lavaban juntos a los leprosos, huían de la mano como amigos fieles ante las amenazas de quienes los perseguían, compartían la labor cotidiana, la mesa, el sol, los dolores y la esperanza. Qué sencillo ha de ser sentir familiaridad, cuando el maestro se comporta como una especie de hermano mayor de sus seguidores.
Pero qué pasa cuando el maestro no está ahí para marcar el paso. Para decir qué hacer, para dar consejo, para echar luz sobre las escrituras y las palabras y las acciones.
Cómo es esto de que un hombre puede seguir a un maestro aunque ese maestro no se encuentre presente bajo una forma física?
El Jesús de carne y hueso que iluminaba las noches de Jerusalem con el brillo de sus negros ojos, el Jesús que sudaba y gemía y se retorcía en la cruz, era un maestro que muchos hombres serían capaces de seguir. Pero cómo un hombre podría seguir hoy a Jesús o a Buda o a Krishna o a Rama si ellos no están aquí con nosotros, no podemos verlos, tocarlos, ni sentir el perfume de su piel. Cómo sabremos qué hacer. Cómo recibiremos su guía y apoyo si, simplemente, no están.
Tanto me desvelaba esta idea de que a la gente en la India le resultara lo mismo una y otra situación que un día se lo pregunté a un hombre con quien había empezado a tener una incipiente confianza.
Las palabras textuales no las recuerdo. Lo que sí jamás podré olvidar es la expresión de extrañeza con la que me miró y las cuatro veces en que me vi forzado a repetir y reformular mi pregunta.
Cuando finalmente entendió lo que yo preguntaba, contestó sin vueltas: Lo toman por lo mismo porque ES lo mismo.
Usted habla del amor que los discípulos sintieron por Jesús, de la dicha de estar en su compañía, de poder compartir el trabajo, el pan, la vida... Yo le digo que aquí en la India hay millones de seres anónimos que cada día comparten con Jesús, con Buda, con Rama o con Krishna: la labor cotidiana, la mesa, el sol, el sufrimiento o el gozo que les trajo el día y que lo aman intensamente y lo sienten tan cerca, tan suyo y tan familiar como aquellos hombres que caminaron con Él por Jerusalem.
Aquellos hombres y estos otros, dos mil años después, escuchan su voz, reciben su guía y su consejo exactamente en el mismo lugar: adentro de sí mismos.  

El Amor

"Sólo hay una regla, amor tiene que amar y ni Él mismo se puede escapar
Él eligió la forma humana para su rol de amante y como el Amado se escondió 
No fue lejos, no eligió laberintos,  ni bosques sombríos, eligió el corazón 
 Oh amigo búscalo allí, lo encontrarás."  
José Henriques

Rumi y la música

Escucha el ney, escucha su noble voz que se lamenta tristemente de la separación.
Yo quiero un pecho desgarrado por la separación, para poder hablarle del dolor del anhelo.
Todo el que se ha alejado de su origen,
añora aquellos días de unión.
El canto del ney es fuego, no aire.
¡No merece vivir quien no tiene ese fuego!
Ese fuego es el fuego del amor que arde en el ney.
El ney es el confidente de todo aquél que está separado de su amigo. Sus cantos desgarran nuestros velos.
¿Quién ha visto jamás un veneno y un antídoto como el ney?
¿Quién ha contemplado jamás un consuelo y un enamorado como él?
Rumi

El karma y los sanskaras

Es de noche y hace mucho frío.
Hace semanas que la vida se ha vuelto para él un tanto monótona y pesada. Está encerrado en una habitación con un olor penetrante, azulejos verdosos, chicharras y hombres y mujeres de blancos guardapolvos que cada tanto se acercan a su cama, anotan y murmuran algunas palabras.
A este lugar lo llaman hospital y en él, el hombre de nuestro ejemplo no se siente muy a gusto. Continúa teniendo frío, casi no come y tiene problemas para dormir. Pero una noche siente sueño, mucho sueño y piensa para sus adentros –Creo que al fin, ha llegado el momento.
El hombre no sabe que a ese reposo otros hombres le darán el terrible nombre de muerte y que harán vigilia, envueltos en llanto, delante del que fue su cuerpo, mientras él, solo duerme.
La siesta le resultará tan reparadora que al despertar se sentirá rejuvenecido y pleno de energía. Y esto es estrictamente cierto, pues el hombre ha vuelto a ser un bebé, y así ha dado inicio su siguiente vida.

Aunque no lo recuerde, en esta nueva vida carga con las inclinaciones que en la otra ha forjado. En aquella se empeñó por ser siempre y aun forzadamente caritativo y humano, en esta nueva vida sus impulsos procurarán llevarlo al egoísmo y a volverse taimado.

Y eso no es todo. Miles de vidas y actos en el pasado dan el resultado del nuevo envase en el que el hombre ha encarnado. El lugar donde ha nacido, la familia, el año, todo ha sido por el mismo prolijamente guionado.
Podrá pensarse que entonces el hombre es un mero esclavo. Pero nada podría resultar más lejano. El hombre goza aquí y ahora de plena libertad. Sus inclinaciones lo invitan pero es él quien sale al escenario, solo a él le corresponde actuar.
El hombre puede valerse de un arma muy valiosa: su propia creatividad. Tornar sus inclinaciones en arte es un paso arriesgado que pocos, muy pocos, se animan a dar.
Nos han enseñado que la libertad radica en el poder de la elección. Hemos repetido ese engaño hasta transformarlo en razón.
Dicen los maestros de oriente que la verdadera libertad es no elegir. Quien elige lo hace atado a sus actos
pasados y siguiendo su inclinación. Cuando un hombre logra olvidarse de todo eso: de lo que es, de lo que ha sido, de lo que actúa y de lo que ha actuado y se enfoca solo en aquel que escribió la primera línea cuando aun nada en el mundo había sido actuado, ahí el hombre descubre una dimensión diferente. Ya no volverá a actuar para complacerse a sí mismo sino que buscará en cada pequeña cosa complacer al creador, buscará únicamente su deleite.

Santa Teresa de Jesús


Convento de Santa Teresa, Ávila.
Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Creador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.

La belleza


La belleza que vemos en torno de nosotros es un reflejo
Del rostro de nuestro Amado, cantando esa perfección

Quienquiera que tu amado sea, el amor en sus ojos
La creación engendró; cada cosa suspira por él con alegre antelación 

De ninguna manera desfallezcas si el amado 
Exige, con alguna tarea imposible, que tu amor sea probado 

Nadie espera una conducta lógica de los vientos y de los mares
Los caprichos del Amado, por divina sanción, son excentricidades

El amante es solamente libre, cuando no desea recompensa 
Si es demasiado difícil, es mejor que te vuelvas a casa y deseches la espada

El campo del amor es un campo de batalla sólo para héroes 
Para aquéllos que son valientes contra sí mismos y soportan los golpes 

Ser músico es también una ventaja 
Nuestra situación mejora, dando al Amado serenatas. 
Francis Brabazon

Caminantes

Escucha ahora la historia de aquellos caminantes que no tienen motivo de queja en este mundo.
Dentro de los amigos de Dios, hay quienes rezan, quienes a veces cortan, quienes a veces unen. Dentro de los amigos de Dios, también conozco a quienes tienen labios sellados a la súplica.
En la conformidad que hallaron estos nobles, se han prohibido a sí mismos evitar el destino.
En esa sumisión al destino han gustado un especial deleite por el que se prohíben rogar ser liberados.
Tan bella confianza entró en sus corazones, que nunca llevan luto por ninguna tristeza.

Ganas de salir corriendo


 Nunca sintieron ganas de salir corriendo?
 Más de una vez en la vida me ha asaltado esa sensación. Ganas de salir corriendo.
 Ante sucesos desgraciados, planes que se frustran o simplemente ante el hastío, estar cansado de que pase siempre lo mismo, estar cansado de ser “uno mismo” todo el tiempo, eso es insoportable! Hablar siempre del mismo modo, pensar siempre del mismo modo, una sensación de cansancio que a veces alcanza a desesperar.
 Salir corriendo se presenta a veces como una opción atractiva y hay quienes la toman casi de manera permanente. Corren y corren sin parar y cambian de país, de trabajo, de amistades, de intereses, se tiran de cabeza en cada una de esas cosas para acabar siempre corriendo hacia otra nueva, hacia la próxima y así una y otra vez.
 Es linda la sensación de correr, el viento en la cara y los viejos que van quedando atrás y se transforman en ecos cada vez más lejanos, se van apagando hasta desaparecer. Y qué aparece ante nuestros ojos? Nuevos y fascinantes lugares que, un tiempo después, empiezan a parecerse demasiado a aquellos otros que quisimos dejar atrás. 
 Dicen en el oriente que es la mente la que impulsa al ser humano a correr permanentemente detrás de algo. Pero también dicen que a todos los correderos les llegará, en esta vida o en otra por venir, un momento de inspiración, una magnífica oportunidad. 
El corredor podrá apreciar cómo su propia vida, su modo de pensar y de vivir se derrumban por completo. Y no lo hará porque algo malo suceda afuera sino porque podrá ver, con la claridad de un lago helado, el circuito de eterna insatisfacción que durante vidas y vidas él mismo se ha construido.
 Y hasta podrá reírse de sí mismo y de todo lo que ha hecho. Se verá como un niño que llora porque no le compran caramelos y que cuando consigue los caramelos llora porque no lo llevan al cine y que cuando lo llevan al cine... 
 Podrá ver la trampa en la que ha caído y podrá ver también que esa trampa es una trampa encantadora y magnífica, un juego apasionante y seductor que nada tiene de burdo, que siempre se renueva y busca formas más y más sofisticadas pero que acaba conduciendo a lo mismo: a la nada, a la insatisfacción, al vacío de la ilusión.
 Experimentará entonces que a pesar de que cree haber recorrido enormes distancias, escalado montañas, atravesado valles y surcado ríos; siempre ha estado en el mismo lugar. Nunca se movió un centímetro. 
 Esa conclusión no le resultará desalentadora, pues al mismo tiempo descubrirá que hay una sola cosa que vale la pena buscar. Que el error consistía precisamente en pensar en lo múltiple, en creer que había muchas cosas cuando toda la creación existe y se sostiene por una sola. No es necesario correr para buscarla.
 Algunos llaman a esa única cosa: Verdad. Otros la llaman Realidad, hay quienes la llaman Dios y en la China la conocen con el nombre de Tao.  Personas de muy diferentes lugares, religiones y creencias la llaman simplemente Amor y dicen que cada individuo puede encontrarlo únicamente dentro de sí mismo, en el mismo y exacto lugar en el que mientras el hombre corría y corría, él esperaba para ser encontrado. 

Fuego


El fuego aviva el imaginar
Disipa el frío y las sombras
Inspira a aquel que lo toma
El fuego es indomable y arrollador
Es poderoso e imponente
Es plácido como la llama de una vela
Es libre como el cóndor en el cielo
No hay fuego como el amor
Alienta y devora, es abrasador

La compañía de los Santos


Hazrat Babajan
 
Fascinación y al mismo tiempo temor, ambas cosas nos producen los espejos.
Los espejos son fascinantes, poder ver reflejados en ellos a ese ser que habitamos cada segundo, a esa forma con la que los demás nos ven cuando hablamos, cuando comemos cuando reímos y cuando lloramos...
Quizás por esas mismas razones los espejos nos causan temor. En cierto punto es más tranquilizador ignorarse y entretenerse con las muchas cosas que afuera suceden, compartiendo el tiempo y alegrías y llantos pero con otros seres que tienen otros rostros y no someterse a esa angustiosa situación de estar solo, y observarse y recorrerse palmo a palmo. Asistir a la nuda presencia, a la mirada que inquiere, del único ser inevitable, no es tarea fácil. Desde ese reflejo casi espectral, quien realmente somos nos recuerda: “No te podés escapar”. 
En el oriente la compañía de los santos es considerada un preciado tesoro. Una antigua frase dice: Un segundo en la compañía de un santo vale más que años de oraciones y penitencia.
Sai Baba de Shirdi
Así como los seres humanos solemos huir de nosotros mismos proyectando nuestra atención sobre otras personas o en variadas actividades, la cercanía de una persona sabia puede ser un poderoso estímulo para quienes buscan el conocimiento.
Una persona sabia es alguien que sabe y seguramente, como tal, tendrá mucho para dar. Quizás allí afuera, en él se concentre la respuesta a muchos de los enigmas con los que un ser humano se debate en el desarrollo de su espiritualidad.
Dóciles como una fina tela son capaces de adoptar cientos de formas: tiernos, hoscos o irascibles, por cualquier camino que elijan los hombres sabios siempre atraen hacia sí a los aspirantes y permiten que estos se acerquen cualesquiera sean las razones y expectativas que los guíen. Pero una vez a su lado las personas comienzan a experimentar una imperceptible y gradual transformación en su enfoque.
Upasni Maharaj
El sabio nunca deja de serlo. Pero progresivamente deja de ser para el aspirante un oráculo externo que tiene todas las respuestas y se transforma en una dulce y cercana presencia que simplemente acompaña y refleja.
Solo en el mismo corazón en que anidan las preguntas. Solo en el corazón que anhela intensamente alcanzar la verdad, se encuentra la respuesta que tanto añora. 
Los hombres santos son pulidos espejos. Diáfanos y sin mancha. En ellos, sin siquiera notarlo, los hombres pueden empezar a ver qué hay en su propio rostro, en su propia mirada, en su propio corazón. Bajo su compañía un hombre puede por sí mismo alcanzar a descubrir quién es y quién, siempre, ha sido.   

Caminos


Yo tomé tantos caminos, tantos caminos,
pensando que estaba cerca de la meta y pronto se terminaron.
Soñé tantos sueños y me desperté en la mañana con el dolor a mi lado.
Deseé la felicidad adornada por mis deseos, y no la pude encontrar.
Imaginé mi vida rodeada de aplausos, y no había nadie a mi lado.
Caminé tantos pasos y no me llevaron a tu puerta.
Tú, tan sólo tú puedes darme lo que busco.

Hussein y la paciencia



En un pequeño pueblo de Turquía, un hombre llamado Hussien se casó con la hija de su vecino. En la fiesta de la boda, Hussein se quedó fascinado por la conversación de dos religiosos eruditos que habían sido invitados a venir y oficiar la ceremonia. Aquellos hombres citaban de memoria largos pasajes del Sagrado Corán; trataban de las complejas interpretaciones de la ley religiosa y discutían los diferentes significados de las frases árabes. Hussein les preguntó cómo habían desarrollado tal conocimiento y sofisticación. Le dijeron que habían pasado muchos años estudiando en las grandes academias religiosas de Estambul.
A la mañana siguiente, después de la noche de boda, Hussein le dijo a su esposa: “Tengo veinte años y siento que no sé nada de verdadera importancia. Deseo ir a Estambul y convertirme en un erudito. Por favor, cuida de nuestra granja y de mis padres mientras estoy fuera. Volveré tan pronto como pueda ser un erudito”.
Hussein se fue a Estambul, que estaba a muchas semanas de viaje. Pasó los siguientes treinta años estudiando, yendo de un maestro a otro en búsqueda de conocimiento. Al llegar a los cincuenta años, Hussein partió finalmente a su pueblo natal, vestido con la ropa de un erudito del más alto rango.

En el camino a casa, se detuvo en un pueblo pequeño, aproximadamente a un día de distancia de su hogar. Los aldeanos estaban emocionados al encontrar un hombre de conocimiento entre ellos y le pidieron que pronunciara un pequeño sermón luego de la oración. Todos estaban encantados de escuchar sus sabias palabras, aunque no comprendieran la mayor parte de sus comentarios eruditos. Después, varios aldeanos se le acercaron y le invitaron a quedarse con ellos esa noche. El primer hombre que había hecho el ofrecimiento insistió en que el derecho era suyo y Hussein estuvo de acuerdo en quedarse con él.

Después de la cena, el aldeano le preguntó a su huésped cómo había llegado a ser un erudito. Hussein le contó la historia de su vida, cómo había dejado su casa el día después de su boda para ir a Estambul y llegar a ser un erudito. Recordó que se había ido a los veinte años y ahora volvía a la edad de cincuenta. Sus ojos se llenaban de lágrimas pensando en su familia y amigos que había dejado por tanto tiempo.
El aldeano dijo: “¿Puedo hacerte una pregunta?"
“Desde luego, pregunta lo que quieras”, respondió Hussein.
“¿Cuál es el principio de la sabiduría?”.
“El principio de la sabiduría es pedir la ayuda de Dios en todo”.
“No, ese no es el principio de la sabiduría”, dijo el aldeano.
Hussein replicó: “Entonces es decir, En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo, antes de cada actividad”.
“No, tampoco es eso”.
 Hussein mencionó todas las respuestas eruditas que había aprendido en los últimos treinta años, pero el aldeano se negó a aceptar ninguna de ellas como la respuesta correcta. Finalmente se rindió y le preguntó a su anfitrión si él lo sabía. El hombre asintió y Hussein le rogó que le enseñara el principio de la sabiduría.
El aldeano dijo: “No te puedo enseñar en una noche lo que no has sido capaz de encontrar en estos treinta años de estudios. Eres un hombre sincero e inteligente. Estoy seguro de que te puedo enseñar el
principio de la sabiduría en un año. Los hay que nunca pueden aprenderlo, por mucho que lo intenten”. Así que Hussein acordó en quedarse un año con el hombre para llegar a aprender el principio de la sabiduría.
Al día siguiente, el aldeano llevó a Hussein al campo. Trabajaron tan duramente que aquella noche Hussein terminó totalmente rendido. Esto continuó durante todo un año. Hussein nunca había trabajado tan duramente en su vida, pero lo soportó todo con el propósito de aprender el principio de la sabiduría. Sin embargo, cuando le preguntaba a su anfitrión, el aldeano siempre le decía que esperara. 
Al fin, el año se terminó. Cuando volvieron a la casa, Hussein le pidió al aldeano que le enseñara el principio de la sabiduría de una vez por todas. El lugareño respondió que se lo enseñaría a la mañana siguiente. “¿Tan corto es?”, estalló Hussein. “El decirlo es corto, pero no el entenderlo”.
A la mañana siguiente, después del desayuno, el aldeano le pidió a su mujer que preparase una bolsa de comida para su invitado de honor, con pan fresco para el viaje, fruta y carne.
“¡Olvídate de la comida y dime cuál es el principio de la sabiduría!”, gritó Hussein. 
“Ten paciencia”, dijo el aldeano, que continuó haciendo los preparativos para la partida de su huésped.
“No intentes engañarme”, dijo Hussein. “Me he pasado un año trabajando como un burro tan sólo para aprender el principio de la sabiduría. ¿Cuál es?”.
“Paciencia”, dijo el aldeano.
“No, no me hagas esperar más”, gritó Hussein, “me lo tienes que decir ahora”.
El aldeano se volvió hacia su huésped y le dijo con la mayor seriedad: “El principio de la sabiduría es la paciencia”.
Hussein se puso furioso. “Me has tomado por tonto y te has aprovechado de mí. ¡Puedo recitar volúmenes enteros sobre el tema de la paciencia! ¡Conozco cada verso del Sagrado Corán en donde se menciona la paciencia!”.

El aldeano respondió: “Cuando hace un año te pregunté cuál era el principio de la sabiduría, no fuiste capaz de contestar. Y cuando te pregunté si estabas dispuesto a pasar un año conmigo para aprender la respuesta, estuviste de acuerdo. Hace un año, no eras capaz de comprender la respuesta. Durante todo este tiempo te he enseñado la paciencia y la verdad es que tienes que ser paciente para aprender cualquier cosa importante. Has experimentado la paciencia, y ese es el verdadero aprendizaje”.

“Un erudito lleno de sabiduría sin digerir, que no ha aprendido a aplicar lo que sabe a su propia vida, es simplemente como un burro transportando una carga de libros. Los libros no han hecho nada por el burro, y tu estallido muestra que todo tu aprendizaje no ha servido de nada”.
“El aprender muchas cosas y luego enseñarlas sin haberlas puesto en práctica causa un perjuicio terrible a los demás. Cuando la gente te escuche recitar las palabras de los grandes profetas y santos sobre la fe y la caridad y luego vean que tu mismo prescindes de estas cualidades, verán que eres un mentiroso. Y peor todavía, pueden llegar a no creer en esas verdades divinas de las que hablas. ¿Cuál crees que sería tu recompensa si aquellos a los que intentas enseñar, al final perdieran su fe porque tus acciones no estaban de acuerdo con tus palabras?”.
“Por eso es tan importante tu estudio de la paciencia. Un auténtico erudito es aquel que pone en práctica lo que sabe. Sin esto, solamente hay falsedad. Así que vuelve a casa y comparte tu sabiduría con tus vecinos, pero nunca te olvides de aplicar en tu propia vida lo que has aprendido en tus estudios”. 

Cordura



Continuamente nos tropezamos con ellos, todo lo hacen por una razón
Los cuerdos de este mundo tienen todo calculado, aun su opinión

También tienen su lugar en la historia, los saludamos con gran cariño
Nos recuerdan que todo lo que hacemos es el espejo de cómo nos sentimos

El presente es acción manifestada, el anhelo no busca resultados
Si quieres un motivo, rompe el círculo y vuélvete un amante descalzo

Deseos y quereres están grabados en viejos surcos, aprendemos por imitación
El amor nace y florece, la perfumada semilla es entregada por invitación

La cordura es necesaria para ganarnos el pan y saludar a nuestros vecinos
Para hacer reir a los demás y olvidarnos que éste es nuestro exilio

No influyen los escritos en cuevas abandonadas ni los planetas lejanos
Lo que buscamos está siempre disponible, pero no cabe en nuestras manos

Oh amigo presta mucha atención cuado le escribes poemas al Amado
Cosecharás lo que sembraste... alégrate y no olvides que Él es tu Aliado

 José Henriques

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