Santa Teresa de Jesús


Convento de Santa Teresa, Ávila.
Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Creador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.

La belleza


La belleza que vemos en torno de nosotros es un reflejo
Del rostro de nuestro Amado, cantando esa perfección

Quienquiera que tu amado sea, el amor en sus ojos
La creación engendró; cada cosa suspira por él con alegre antelación 

De ninguna manera desfallezcas si el amado 
Exige, con alguna tarea imposible, que tu amor sea probado 

Nadie espera una conducta lógica de los vientos y de los mares
Los caprichos del Amado, por divina sanción, son excentricidades

El amante es solamente libre, cuando no desea recompensa 
Si es demasiado difícil, es mejor que te vuelvas a casa y deseches la espada

El campo del amor es un campo de batalla sólo para héroes 
Para aquéllos que son valientes contra sí mismos y soportan los golpes 

Ser músico es también una ventaja 
Nuestra situación mejora, dando al Amado serenatas. 
Francis Brabazon

Caminantes

Escucha ahora la historia de aquellos caminantes que no tienen motivo de queja en este mundo.
Dentro de los amigos de Dios, hay quienes rezan, quienes a veces cortan, quienes a veces unen. Dentro de los amigos de Dios, también conozco a quienes tienen labios sellados a la súplica.
En la conformidad que hallaron estos nobles, se han prohibido a sí mismos evitar el destino.
En esa sumisión al destino han gustado un especial deleite por el que se prohíben rogar ser liberados.
Tan bella confianza entró en sus corazones, que nunca llevan luto por ninguna tristeza.

Ganas de salir corriendo


 Nunca sintieron ganas de salir corriendo?
 Más de una vez en la vida me ha asaltado esa sensación. Ganas de salir corriendo.
 Ante sucesos desgraciados, planes que se frustran o simplemente ante el hastío, estar cansado de que pase siempre lo mismo, estar cansado de ser “uno mismo” todo el tiempo, eso es insoportable! Hablar siempre del mismo modo, pensar siempre del mismo modo, una sensación de cansancio que a veces alcanza a desesperar.
 Salir corriendo se presenta a veces como una opción atractiva y hay quienes la toman casi de manera permanente. Corren y corren sin parar y cambian de país, de trabajo, de amistades, de intereses, se tiran de cabeza en cada una de esas cosas para acabar siempre corriendo hacia otra nueva, hacia la próxima y así una y otra vez.
 Es linda la sensación de correr, el viento en la cara y los viejos que van quedando atrás y se transforman en ecos cada vez más lejanos, se van apagando hasta desaparecer. Y qué aparece ante nuestros ojos? Nuevos y fascinantes lugares que, un tiempo después, empiezan a parecerse demasiado a aquellos otros que quisimos dejar atrás. 
 Dicen en el oriente que es la mente la que impulsa al ser humano a correr permanentemente detrás de algo. Pero también dicen que a todos los correderos les llegará, en esta vida o en otra por venir, un momento de inspiración, una magnífica oportunidad. 
El corredor podrá apreciar cómo su propia vida, su modo de pensar y de vivir se derrumban por completo. Y no lo hará porque algo malo suceda afuera sino porque podrá ver, con la claridad de un lago helado, el circuito de eterna insatisfacción que durante vidas y vidas él mismo se ha construido.
 Y hasta podrá reírse de sí mismo y de todo lo que ha hecho. Se verá como un niño que llora porque no le compran caramelos y que cuando consigue los caramelos llora porque no lo llevan al cine y que cuando lo llevan al cine... 
 Podrá ver la trampa en la que ha caído y podrá ver también que esa trampa es una trampa encantadora y magnífica, un juego apasionante y seductor que nada tiene de burdo, que siempre se renueva y busca formas más y más sofisticadas pero que acaba conduciendo a lo mismo: a la nada, a la insatisfacción, al vacío de la ilusión.
 Experimentará entonces que a pesar de que cree haber recorrido enormes distancias, escalado montañas, atravesado valles y surcado ríos; siempre ha estado en el mismo lugar. Nunca se movió un centímetro. 
 Esa conclusión no le resultará desalentadora, pues al mismo tiempo descubrirá que hay una sola cosa que vale la pena buscar. Que el error consistía precisamente en pensar en lo múltiple, en creer que había muchas cosas cuando toda la creación existe y se sostiene por una sola. No es necesario correr para buscarla.
 Algunos llaman a esa única cosa: Verdad. Otros la llaman Realidad, hay quienes la llaman Dios y en la China la conocen con el nombre de Tao.  Personas de muy diferentes lugares, religiones y creencias la llaman simplemente Amor y dicen que cada individuo puede encontrarlo únicamente dentro de sí mismo, en el mismo y exacto lugar en el que mientras el hombre corría y corría, él esperaba para ser encontrado. 

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