La voluntad y el destino


Celebremos la fuerza más poderosa del mundo.
Son muchos los que creen que nada ha sido jamás logrado sino por su intermedio.
Gracias a ella la humanidad ha conocido el progreso. Es a través de ella que levantamos edificios, que fundamos universidades, que fuimos capaces de conocer el lejano espacio. Es la energía vital que permite que un hombre, con el único insumo de su propio esfuerzo, se convierta en aquello que siempre ha soñado: un atleta, un actor famoso, un científico o un gobernante acaso.
Esa fuerza poderosa es la fuerza de voluntad del hombre, que se expresa con vehemencia sobre todo lo creado.
Su omnipotencia es tal que permite al hombre sortear cualquier límite.
O casi cualquier límite.
Cuando el hombre sucumbe al hechizo de su propia grandeza, de su propio poder, habrá para él un límite muy difícil de sortear: el de su propia ceguera.
Tan poderoso se siente el hombre cabalgando sobre su fuerza de voluntad que puede caer en el error de pensar que en el mundo solo se realizará lo que él quiera y se proponga.
Perderá de vista que existe otra voluntad, más sutil y más secreta que a teje en silencio la trama con una infinita madeja.

La fuerza de voluntad del hombre es una provechosa herramienta con la que fuimos beneficiados. Aunque su poder suele ser frecuentemente sobreestimado.
La omnipotencia de la voluntad no podrá jamás pintar con el color exacto un amanecer.
No puede hacer que las estaciones se suceden y se multipliquen en perfumes.
No podrá lograr jamás una caricia como la del viento, ni la música salada de un mar embravecido.

Pero no es fácil para un hombre rendirse. Algo en él sabe que no es su deseo el que mueve el mundo Pero aun así le puede ser doloroso aceptarlo.

Algunos maestros y santos del oriente recorren el camino contrario.
No cultivan su propio poder y así se vuelven poderosos.
No procuran alcanzar el conocimiento y así se vuelven sabios.
No intentan construir su futuro y así su destino se consuma exacto.

Humildes. Pequeños. Casi inexistentes como un modesto granito de polvo. Ellos dicen a todos los hombres:

Tenemos la capacidad de volvernos un granito de polvo a los pies del Maestro
Si afinamos nuestra garganta y nos volvemos cantores, Él hará el resto

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