Los artistas de Ellora

En los comienzos el mundo era muy sencillo.
Tan solo eran el hombre y la naturaleza.
En los bosques de la India la naturaleza además de asumir la forma de la belleza, del alimento, de la sombra, también asumía la forma del peligro.
Al hombre solo le preocupaba satisfacer sus necesidades vitales y sobrevivir de los peligros. El peligro en esos bosques tenían un nombre: los animales.
Tigres, elefantes, serpientes, monos y variada cantidad de criaturas salvajes constituidas en permanente amenaza.
Un hombre pensó en construir un refugio dentro de la montaña y otros hombres lo siguieron. Un lugar donde protegerse para descansar por las noches.
Los hombres vieron que eso era bueno y cavaron la piedra más para hacer los lugares más confortables y poder pasar así más tiempo.
Y vieron que esas cuevas eran buenas y alguien comenzó a tramar un plan para defenderse de los animales y se le ocurrió por primera vez dibujarlo en la piedra.
Un hombre con una lanza defendiéndose del ataque de un tigre representados de modo rudimentario.
Y vieron que esos dibujos además de útiles eran bellos que podía dibujarse cualquier cosa y llenaron las cuevas de dibujos hasta en los techos.
Muchos años después esos mismos hombres primitivos, su linaje, transformaría esa práctica en verdadero arte.
Lo que surgió como una necesidad defensiva y de conservación, se transformó con el correr de los años en algo mucho más refinado.
En Ellora, ese mismo espacio escondido dentro de la tierra alcanzó una inusitada magnitud al convertirse en una magnífica obra de arte secreta.
Mujeres y hombres tenemos esa capacidad desde el principio de los tiempos: partir de algo esencial, casi grosero, y a través del pulimiento y el perfeccionamieno transmutarlo en un arte excelso.
Las mismas cuevas que el hombre construyó para escaparse son las que, años después, construirían los artesanos de Ellora para encontrarse.

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