Arar en el mar

Arar en la tierra siempre ha sido una labor encomiable y no solo por el esfuerzo que lleva ni por el 
valor de la siembra.
Cuando un hombre traza un surco en la tierra hay una vía que queda, para los otros, abierta.
Por eso recordamos a esos grandes hombres, no importa si han sido maestros, poetas o héroes de la guerra.
Porque han dejado una huella, porque han abierto una brecha.
De entre todos los caminos que otros hombres han abierto en la tierra, uno anda dudando y en el dudar va eligiendo.
Depende un poco de la edad, la sensibilidad o alguna particular inclinación, vamos mirando y pensamos que entre esos surcos encontraremos el que nos sentará mejor.

Pero me ha dicho un hombre que de estas cosas sabe, que esto de arar en la tierra podrá parecernos grande, pero que hay otra cosa mayor y que esa sí que de verdad es bien grande.
Él me dijo: -Los verdaderos héroes, esos cuyos nombres solo el viento sabe, son los que se atreven a arar en el mar.
No siguen el camino de nadie y ni siquiera puede decirse que abran otro permanente. El mar es a cada instante diferente. Las huellas se borran y lo que hay por delante siempre está por conocerse.
Ellos son los verdaderos valientes, no tienen la valentía de los que se saben fuertes y por su fuerza no temen. Son hombres pequeños que aunque anden muertos de miedo y no tengan ninguna certeza, se adentran, se atreven.
Gloria a estos pequeños hombres que no siguen ninguna huella abierta. Que tuvieron la insensata lucidez de abandonar la tierra y que saben que del otro lado del mar, los aguarda su hogar.  
   

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