Krishna y su música

Krishna está de pie, a la orilla de un caudaloso arroyo del Norte de la India. A sus espaldas un sol
anarajando anuncia la noche. En torno a él un grupo de mujeres. Algunas danzan, otras le colocan guirnaldas y perfumes, todas sonríen. En el aire se oye una melodía exquisita, es la más bella canción. Krishna sostiene en sus manos una pequeña flauta de bambú de seis orificios abiertos. De ella brota la sinfonía.

Krishna ama la música
Es increíble pensar que Dios pueda amar una creación de los hombres.
No tendría que ser al revés? No somos nosotros los que debemos maravillamos de Su creación al ver la tierra y los planetas, un bosque o las altas cumbres nevadas?
A él lo maravillan nuestras creaciones, que son también suyas. Nosotros somos sus criaturas. Criaturas a las que Él mismo dio el poder de crear. Él se maravilla, juega y danza al son de las creaciones de sus criaturas.

La flauta es realmente pequeña. No han de ser más de treinta centímetros de bambú. Sin embargo esa flauta encierra toda la música que se ha escrito y será escuchada desde el principio hasta el final de los tiempos.
Toda la música emana de esa flauta: el primer sonido que creó el universo, las sinfonías que los grandes maestros han compuesto, la música de las espadas en combate, los violines del viento, los tambores de la lluvia.
Toda la música brota de esa flauta que dibuja universos, crea historias, las inspira y les da vida.

Krishna invita a todos los hombres a componer su propia sinfonía. Él ama la música y está ávido de escuchar, nuestra melodía.


Algunos hombres tocan el piano, otros cantan, algunos lo hacen en público y otros en la soledad de su hogar. No importa. Para entonar la canción que a Él le complace escuchar no hacen falta notas ni instrumentos.
 Basta con la sincera plegaria que en silencio un corazón puro es capaz de elevar a su Dios.

Camina con Krishna

Cuán sencillo fue este asunto del amor en el principio…
Noche amena, un dulce sueño y un despertar con el canto de las urracas
 El sol surgía al amanecer como repicar de campanas desde la bóveda celeste
Convocando a los espíritus para el viaje de otro día nuevo y alegre
Ninguno de nosotros pensaba que ese viaje nos llevaría a este amargo desamparo
Con rollizos compañeros y una nodriza de palmas erguidas y bizca
En estas llanuras no hay siquiera silencio y paz, sino desdeñoso amor
Y la voz ronca, levantando campamento en la fría mañana de un peón trabajador

Pero no podrás hacer el camino solo. Anda con Él… o regresa a tu casa
Muchos que intentaron por sí solos yacen ahora en su tumba bajo una duna
Habíamos leído sobre oasis y estrellas que eran como lámparas en la noche
Nadie nos habló de tormentas de arena que oscurecen la luz del sol
Sin embargo, compadecemos a quien se quedó en su casa sentado al lado del fuego
Nunca le llegará el viento perfumado de la noche… cabellos con aroma del desierto.
Francis Brabazon

Lord Krishna

Yo soy el principio y el final de todas las cosas que existen. En todo este inmenso universo no hay nada que sea superior a Mí. Soy el soporte de todos los mundos, del mismo modo que el hilo mantiene juntas todas las perlas del collar. Soy el sabor de las Aguas Vivas, soy la Luz de la Luna y el Sol. Soy el Santo Nombre, la palabra sagrada de los Vedas. Soy el sonido del silencio; la fortaleza de los hombres. Soy la fragancia pura que desprende la tierra. 
Soy el resplandor del fuego. Soy la vida de todas las criaturas vivas, y la austeridad en aquéllos que fortalecen sus almas. Soy, y desde siempre he sido, la semilla de la vida eterna. Soy la inteligencia del inteligente. Soy lo bello de la belleza.

 Bhagavad Gita

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